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Estropicio al patrimonio rural

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No es en absoluto congruente que la restauración de un bien cultural- ancestral y de carácter antropológico, sea entregado en su remozado a una empresa y técnicos inexpertos en asuntos tan sumamente delicados: por su antigüedad, aplicación agrícola y uso popular de lavandería doméstica, cuyas cualidades técnicas lo serán en otros menesteres, ajenos totalmente a la restauración, conocimiento y respeto de una arquitectura de ingeniería hidráulica rural, única y vernácula de Gran Canaria. La responsabilidad, o mejor, la irresponsabilidad de este calamitoso atentado al vetusto patrimonio agrícola, hay que señalarla directamente al Ayuntamiento y a su primer edil.

Dicha restauración hay que, obligatoriamente, dejarla bajo los criterios y competencias de expertos en tales arquitecturas rurales y antropológicas; de sus características y trazados técnicos en su construcción y aplicaciones.

El estropicio hecho sobre la centenaria cantonera o tronera, ha sido tal que ha perdido su identidad como elemento arquitectónico de ingeniería hidráulica para canalizar las aguas de riego de los cercados próximos. Ahora ha pasado a ser una pieza adulterada, siendo ocultada y transformada en su casi totalidad e irrecuperable en su trazado primario.

No se ha respetado su rusticidad, formas originales y la cantería artesanal con la que fue construida hace más cien años. Ahora ha quedado hecha una piltrafa, la cual solo se deja entrever los obsoletos lavaderos y parte de sus almenas. Se le ha aplicado un aglomerado impermeabilizante cuyo objeto ha sido reconvertirlos en 2 piscinas, a las que se les ha añadido plantas de ornato. Dos estanques con aguas empozadas en dichas piscinas, que al poco tiempo se teñirán de verdosas por la acción natural, conllevando la limpieza continua del blanco de la argamasa impermeabilizante, y por supuesto, cambiar las aguas constantemente, porque supone un mantenimiento asiduo.

Y, para más inri del despropósito, en un lugar donde no existen viandantes que puedan admirar tan ilustre ignominia a la antropología rural, se le añade una farola del alumbrado público en exclusiva, que ilumina tan solitario y recóndito lugar durante toda la noche. En tiempos de ahorros energéticos para luchar contra el cambio climático, derrocha el Ayuntamiento de forma frívola y gratuitamente la energía eléctrica.

Que no pierdan el caletre, al arrogarse, por ciencia infusa, el devenir de cualquier patrimonio histórico, que tampoco les otorga patente de corso para tener todos los saberes en cualquier tema histórico. Debe ser sumo y extremo el respeto en esta arquitecturas patrimoniales y dejarlas en idénticas formas originarias. La historia no se puede reinventar bajo gustos de modernidad ni hacer pastiches entre lo viejo y lo nuevo, es parte del albur de nuestra cultura autóctona, y hay que mimarla porque es parte de nuestros orígenes culturales.

Teo Mesa

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