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Europa sigue estancada

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Una conferencia intergubernamental elaborará a partir del 23 de julio el nuevo mini tratado. Portugal asumirá la presidencia de la UE el 1 de julio e intentará que el proyecto se adopte en la cumbre a celebrar en Lisboa el 18 y el 19 de octubre. Los Estados nacionales lo ratificarán durante 2008, entrando en vigor a tiempo de las elecciones al Parlamento Europeo. Suponiendo que este recorrido culmine felizmente, la pregunta parece inevitable. Tras los acuerdos de mínimos de este fin de semana, ¿tendremos una Europa más democrática, más unida, socialmente más justa y con más capacidad e independencia para intervenir en los asuntos internacionales? Los ciudadanos están radicalmente excluidos de la toma de decisiones sobre un mini tratado que mantiene la esencia neoliberal del proyecto derrotado en las urnas. A cambio, se reconocerá el derecho de iniciativas legislativas a los ciudadanos europeos. De risa. Hará falta un millón de firmas para que la Comisión Europea tome en consideración cualquier proyecto normativo. El sistema de voto actual, que impide la toma de decisiones entre los Estados, permanecerá tal cual hasta 2017 gracias a las presiones de Polonia, por lo que me tomaré con bicarbonato la afirmación de Merkel, Zapatero y Sarkozy sobre la superación de la parálisis. En casi todos los temas fundamentales, las excepciones nacionales desvirtúan a quienes aplauden los resultados de la cumbre. Polonia liquida en casa la Carta de Derechos Fundamentales. Incluyó una declaración para legislar en aspectos internos y que, Merkel lo sabe, violan los derechos humanos en nombre de la moral católica. Los británicos, a lo suyo, a ejercer como caballo de Troya de Washington. Consiguió que el derecho británico tenga supremacía sobre el europeo, no quiso que el ministro de Exteriores europeo merme lo más mínimo la política exterior británica, no quiere modificar su legislación en temas de Justicia e Interior y rechaza la reducción de los ámbitos en los que un Estados miembro podrá imponer su veto, especialmente en el terreno de los derechos laborales. Holanda se enrocó en la supremacía de su propio Parlamento nacional y los checos también lograron alguna excepción. Tampoco faltó la demagogia de Sarkozy. En un gesto dirigido a los votantes gabachos del “no” a la Constitución, consiguió excluir la referencia al objetivo de la “libre competencia” que, de todas formas, no modificará la política europea en este asunto clave. Grupos de países podrán tomar iniciativas por su cuenta sin contar con el resto. Las excepciones llegan a tal nivel que convierte la normativa europea en un verdadero banquete a la carta. Cada quien se apunta a lo que le conviene, según sus supuestos intereses como nación, y rechaza lo que no le cuadra. Los euroescépticos también consiguieron que desaparezcan las referencias al himno y la bandera europea, aunque podrán utilizarse cuando alguien los estime conveniente. Todo lo ridículo que ustedes quieran, pero no deja de expresar simbólicamente lo lejos que queda Europa de encontrarse consigo misma y convertirse en un sujeto de las relaciones internacionales con personalidad propia. Europa sigue siendo un mercado y nada más que un mercado, con una cuentas flores políticas de adorno. Y es que Europa no puede serlo mientras unas elecciones a una Asamblea Constituyente no vean la luz. Como primer paso para romper el corsé de los Estados nacionales.

Rafael Morales

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