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Fracaso anticipado del CO2

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Los Estados ricos, los industrializados desde el siglo XVIII, o sea, los malignos causantes de este latrocinio atmosférico, no quieren alterar sus bienes gananciales con la disminución de humos, restar sus negras cotas de CO2, a pesar de los desastres patológicos que ya estamos sufriendo con el cambio climático; los países emergentes en los desarrollos: China, India, México, Brasil, etc. quieren subirse también al carro del negro y mortal humo, y no ser ellos los sacrificados con sus industrias de energías fósiles; y los pobres de solemnidad, no desean sufrir más las catástrofes y reclaman compromisos serios y no baldías promesas en la reducción de emisiones. Una consecuencia directa de este mal por las alteraciones climáticas son las criminales cifras de hambre y mortandad que se producen en el mundo en los países subdesarrollados.

Las esperanzadas promesas del mesiánico inquilino de la Casa Blanca no están dando sus frutos de su programa político energético, porque: una cosa es predicar ...y otra dar trigo. Obama pide una prórroga de un año para comenzar la disminución de gases contaminantes. Quien una vez instalado en el despacho Oval, ha vivido la cruel realidad de los poderes fácticos industriales de su país, los que se niegan a bajar el pistón de las contaminaciones de sus industrias, a sabiendas que EE UU emana el 25% de gases de efecto invernadero. Por encima de cualquier CO2 está el vil metal. Y las energías limpias que duerman el sueño de los justos. Con lo cual, parecen no pensar, que una vez en la sepultura o enfermos por envenenamientos, de qué les vale todos los oropeles y sofisticadas vidas de lujos. Lo más trágico del cambio climático es la desconciencia que se tiene.

La UE, aunque más concienciada que el resto de las naciones, no baja más los recortes de sus emisiones hasta un 30%, y apuesta por la renovación que sustituya al Protocolo de Kioto en 2012, para vincular también a todos los países emergentes a que también limiten sus gases mortales. China: el gran problema, puesto que los niveles de CO2 de la quema de combustibles fósiles: gas, carbón y petróleo, sobrepasa cualquier nivel de control. Y lo peor es que lo desean hacer por libre, sin revisiones obligadas por la ONU.

En definitiva, lo que se esperaba de este preámbulo de Barcelona, que no ha servido más que para ratificar que el humo negro del CO2 ciega los ojos y las conciencias, pero aviva la codicia ancestral del ser llamado homo sapiens, aunque nos vaya la vida y la destrucción de la Tierra en ello. Y la ausencia de acuerdos sanos y limpios es también lo que sentenciará la cumbre del clima en Copenhague de nuevo el veneno mortífero que respiramos.

Teo Mesa

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