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Frágiles pactos

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En Canarias puede sorprender, incluso parecer confuso, tanto pacto y ruptura, pero lo cierto es que es más fácil comprenderlo si nos abstraemos de casos concretos. Siempre pueden existir diferencias de caracteres, indisciplinas, llamadas al orden, peticiones de autonomía,?pero ¿por qué tantas?

Antes que nada por la manía de todos los partidos de buscar los pactos "en cascada", un bonito eufemismo para tratar de esconder un pacto impuesto desde arriba. Porque en realidad, sí hay una diferencia: un pacto en cascada podría funcionar y ser justificable si desde el nivel regional se coordinara, escuchara y tuviera en cuenta la realidad de las instituciones y administraciones de nivel inferior, siendo conscientes y dialogantes con cada caso particular, buscando proyecto político y puntos en común y asumiendo que, llegado el momento, como decía mi abuela, no puede haber amores a la fuerza. En cambio estos pactos tratan de solucionarse con un acuerdo al más alto nivel del que se informa luego al resto de los partidos.

El problema no es pactar o no pactar, si no el cómo se organiza el pacto, cómo se estructura y cómo se adapta luego a cabildos y ayuntamientos.

Ante esto surge la pregunta sobre la disciplina. ¿No debería existir una disciplina dentro de un partido político? Sí y no. Sí cuando la disciplina sea fiel a las ideas, estructuras y órganos internos, no porque esas estructuras y órganos sean incapaces de reflejar el deseo de la mayoría de sus miembros. En este caso, sirve como ejemplo el Partido Socialista. En su último congreso, su único candidato a Secretario General fue el principal defensor del actual pacto en cascada en Canarias, con el que parece que nadie está de acuerdo, pero aún así, no tuvo rival ¿Dónde estaban todos esos militantes que ahora no están contentos? ¿Dónde estaban cuando se aprobó en Comité? Una prueba más de que el actual sistema de voto delegado no representa la voluntad de los afiliados y afiliadas a un partido.

Normalmente en esta posición, lo prudente es dar la razón al que dirige y lo heroico es dar la razón al rebelde. En mi caso, quedaré mal, puesto que para mí ambos son culpables: las direcciones por no ser capaces de estructurar, explicar y facilitar un pacto, además de no ser capaces de entender que deben existir excepciones, y los rebeldes por no haber hecho valer su postura en los procesos internos y órganos de dirección.

Las posibles soluciones son difíciles. ¿Replantear un pacto que está dando fuertes problemas internos a ambos partidos? ¿Convocar un Congreso extraordinario que aclare qué quieren realmente los y las militantes de los partidos y a partir de esas nuevas estructuras e ideas encarar el actual pacto? Ambas soluciones son difíciles a tan poco tiempo de las próximas elecciones. Los problemas en política surgen muchas veces de errores cometidos mucho tiempo atrás y más aún, de no querer afrontar los conflictos en sus momento o de haber tratado de lograr soluciones cómodas y rápidas.

La conclusión puede parecer ambigua y sin solución, pero es cierto que toda esta situación es, cuando menos, caótica. Se cuidan las formas y se teme discutir o tener más de un candidato en los procesos internos, lo que da como resultado que los verdaderos problemas queden latentes para estallar en los peores momentos. El miedo al diálogo y los falsos consensos internos, donde se intenta dar cabida a diametrales visiones de las cosas en lugar de afrontar un debate (donde saber ganar y perder democráticamente) simplemente por el qué dirán, demuestra que bajo unos débiles y poco representativos procesos internos es más difícil hacer política. Demuestra que los anticuados procesos orgánicos internos de los partidos son graves problemas políticos.

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