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Fuerteventura decide

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Leo en prensa que a unos portavoces empresariales de Tenerife les parece bien que en las costas de Fuerteventura y Lanzarote se hagan perforaciones petrolíferas. Antes había visto que para otros empresarios de Gran Canaria también era perfecto.

Piensan, supongo, en los réditos que el petróleo podría dejar en la refinería de Tenerife o en los talleres de reparaciones navales de Gran Canaria. Anteponen promesas de 'loritos petroleros' a la opinión de la sociedad de Fuerteventura y Lanzarote. A la de sus instituciones legítimamente representadas; a las de cientos de científicos de todo el mundo; a las de los técnicos en desalación de agua que advierten del peligro a nuestro abastecimiento; a las de las principales asociaciones de agentes de viajes y turoperadores europeos? Creen, me temo, que en el peor de los casos el piche se quedará en las playas majoreras y que las únicas desaladoras que pararían serían las nuestras.

No es nada nuevo. En Fuerteventura, y probablemente en Lanzarote, estamos históricamente acostumbrados a que la opinión y los intereses de las burguesías empresariales de Tenerife y Gran Canaria pesen más en las decisiones gubernamentales que los derechos de los vecinos de estas islas.

Eso pasó permanentemente durante siglos. Así ocurría cuando los señores territoriales decidían sobre las vidas de los majoreros desde sus mansiones en las islas centrales. El cereal majorero enriquecía a las clases pudientes de otras islas. Y aquí pasábamos hambre.

Ocurrió igual cuando se ideó un puertofranquismo pensado para los intereses de las burguesías capitalinas de los puertos. Y aquí sufríamos muchas penurias.

La actitud centralista se mantuvo en la ordenación administrativa del XIX, que condenaba a estas islas a la dependencia capitalina. Con los monocultivos buscados, diseñados y desarrollados, tras el único objetivo de beneficiar a las burguesías capitalinas.

Lo mismo durante buena parte del siglo XX. Mientras en Gran Canaria y Tenerife presumían de universalidad burguesa, aquí sufríamos la sequía, el hambre y la emigración. Ellos se peleaban en Madrid por la capitalidad y la división provincial. Nosotros, a cargar piedras para construir los muelles y levanta paredes para sus plataneras.

¿Qué es lo que ha cambiado ahora con el debate del petróleo? Nada, si nos referimos a los comportamientos y planteamientos de algunos portavoces de las burguesías empresariales de Tenerife y Gran Canaria en su propio beneficio. Mucho, si hablamos del dinamismo social y la actitud de Fuerteventura y Lanzarote.

Nunca antes tantos ciudadanos, tantos científicos y tantas instituciones se habían posicionado de forma tan contundente y clara en contra de un modelo de desarrollo peligroso y en defensa de su derecho a elegir una forma de vida.

No vamos a permitir que se repita la historia. No vamos a dejar que el debate petrolero lo centralicen algunos representantes de las burguesías de Tenerife y Gran Canaria. Del futuro de Fuerteventura y Lanzarote se habla y se decide aquí. No allí. Y, créanme, lo siento por los 'loritos petroleros' pero la energía ciudadana majorera vale más que los intereses de todas las multinacionales del mundo.

Para acabar, y si se me permite opinar desde 'la periferia' (¿podemos?): No al puerto de Granadilla. No a la refinería en Santa Cruz. No a la regasificadora en Arinaga. No al petróleo. Sí a las renovables.

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