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La nueva transición ya tiene su Suárez

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No soy muy partidario de denominar a este periodo político que España está viviendo como la “nueva transición“. En mi modesta opinión esta etapa verdaderamente intensa en lo político y que ha abierto un escenario nuevo tras 35 años de democracia no es comparable con lo sucedido en este país a partir de la muerte del dictador. En otros países con una larga tradición democrática estos momentos de cambio se viven con la certeza de que es consustancial a la democracia que ésta se adapte y se revise cuando se viven profundos cambios sociales que obligan a abrir un periodo de reflexión y cambio. Pero aceptando el término hasta que pasado el tiempo y con algo de perspectiva histórica se acuñe uno propio para definir este momento de nuestra democracia, desde el pasado día 2 de febrero, creo que en ese paralelismo ya hemos encontrado al nuevo Adolfo Suárez.

Al primer presidente de la democracia en este país se le recordará siempre, entre sus luces y sus sombras, como la persona que fue capaz de convertirse en el arquitecto de aquel tiempo convulso. Capaz de desmontar el régimen franquista desde dentro y elegido contra pronóstico de todos por el Rey Juan Carlos para pilotar aquel momento y llevar a España hacia la modernidad política y social. Soportando presiones internas y externas con una mezcla de temple, audacia y capacidad de diálogo. Capaz de colocarse en el centro de la vida política del momento y conseguir en torno a él hacer pivotar el cambio. En esta nueva etapa de principios del siglo XXI sin duda ese papel parece que le ha correspondido a Pedro Sánchez, el Suarez de esta nueva transición.

Pedro como aquel Suarez de los albores de la democracia ha ido salvando todo tipo de obstáculos que se la han ido presentando con la determinación de quien posee mejor que el resto la visión de interpretar el tiempo que le ha tocado vivir. Saber que se tiene que hacer y como. El primer líder del PSOE elegido por las bases frente a una vieja guardia desorientada ante los profundos cambios que se están produciendo en la sociedad española. Un paralelismo que también hace recordar las presiones que tuvo que soportar Suarez desde el régimen primero y en su propio partido después. El rechazo inédito en nuestra democracia del encargo de Felipe VI por parte de Mariano Rajoy ganador de la elecciones de someterse a la investidura y poner en marcha el reloj de esta legislatura, ha colocado a Pedro Sánchez ante la responsabilidad histórica de pilotar el proceso, como le sucedió 40 años antes a Adolfo Suarez cuando fue elegido frente a Torcuato Fernández Miranda. Lo nuevo frente a lo viejo, como sucede ahora. Ante él un escenario con similitudes aunque con una democracia consolidada. Fragmentación política, crisis social y económica, desafío territorial. Una situación de país que recuerda aquellos convulsos tiempos. El secretario general del PSOE empieza ya a fraguar ante la opinión pública y ante sus propios rivales políticos la imagen de ese hombre de Estado que en los momentos complicados no se esconde y que sabe colocarse en el centro del tablero para construir otra etapa a partir de una agenda de reformas y de regeneración política que ha defendido con la determinación de los grandes líderes. Pero Suarez no estuvo solo, encontró en sus rivales políticos un sentido del momento en el que vivían que hizo posible salir de aquella situación y abrir el tiempo más fructífero de toda nuestra historia. Ahora solo queda que los Rivera, Iglesias, nacionalistas etc, elijan quien quieren ser.

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