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Historia de una manifestación (hipotética)

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Amalia, una abuela de setenta y pico años camina con su nieto Javier, de catorce, por la calle Rabadán. Están ajenos a lo que ocurre en la calle León y Castillo, oyen los ruidos naturales de una carga policial y una masiva, histérica, huida popular, y de repente un grupo de jóvenes corren por la calle perseguidos por seis o siete policías. Uno de ellos al pasar al lado de Javier, le da un porrazo al niño y lo tira al suelo. En el suelo le da tres o cuatro porrazos más, hasta que un compañero le recrimina: "oye, que el chico no es un manifestante, déjalo". En esos momentos Amalia insulta al policía agresivo, y para defender a su nieto, se interpone, e incluso con su bolso, le da un ligero golpe en el casco al agente. Al final, Amalia y Carlos son detenidos, y luego acusados con el nuevo Código Penal de resistencia y agresión a la autoridad. Al nieto por ser menor de edad le ponen en libertad. Amalia después de estar en Comisaría tres días, le aplican la prisión provisional, según los nuevos artículos introducidos por el equipo de Mariano Rajoy. Pasa seis meses en la cárcel hasta que por fin llega la citación judicial.

En el juicio pertinente Amalia muy nerviosa le explica al juez que ella pasaba por la calle Rabadán con su nieto y que no había ni siquiera participado en la manifestación, y además indica que es católica practicante y votante del Partido Popular. El juez la corta y le dice: "Pues haber ido en dirección contraria a León y Castillo, se podía ir hacia la calle Canalejas, hacia Tomás Morales. Además hay algunos católicos que son unos izquierdistas peligrosos". Amalia, compungida, entre sollozos, contesta: "Pero es que yo vivo en Rabadán?". El juez implacable sentencia: "Mejor vaya pensando en mudarse, que por ahí van a organizar muchas manifestaciones estos rojos indignados". Al final Amalia es condenada a dos años de cárcel, y cuando es conducida a la nueva prisión de Juan Grande, le pregunta a uno de los policías que la custodian: "¿Oiga, me dejarán salir los fines de semana para ver a mis nietos?"

Pepe y Rafael están en un bar en la calle León y Castillo tomando unas copas con otros amigos el día de la tal manifestación, y al escuchar la algarabía se asoman a la puerta. Nunca han ido a una manifestación, porque además los dos son de derecha de toda la vida, y gente de orden. De repente ven a la policía cargar contra los manifestantes, y se meten rápidamente en el bar. Después un grupo de manifestantes entran corriendo, y detrás cinco o seis policías, que empiezan a dar porrazos a diestro y siniestro. Pepe y Rafael se esconden en el fondo del restaurante, invadidos por el pánico, incluso Rafael se mete detrás de la barra para pasar más desapercibido, pero un policía escudriña todos los rincones, y al verlo le da un par de porrazos. A Pepe, que se había ocultado en el baño, le sacan a empujones y porrazos. Se forma una algarabía, y finalmente Pepe y Rafael son conducidos con otros dos parroquianos al furgón policial. Los meten en comisaría tres días, y luego le aplican la prisión provisional. En el juicio se defienden diciendo la verdad, que no habían participado en la manifestación, que estaban en contra de esas algaradas organizadas normalmente por los rojos, pero el fiscal les acusa de referirse a los policías como "maderos", una expresión insultante, que habían mirado muy mal a un policía, y eso era una amenaza o comportamiento intimidatorio, penado en el nuevo código, y además que le habían tirado de una manga a un policía. La sentencia, dos años de cárcel.

Juan es un miembro del 15M de Las Palmas de Gran Canaria, que días antes de la manifestación lanzaba comunicados por internet, Facebook y Twitter incluidos, recordando el día y la hora, el recorrido y demás detalles de la "mani". En uno de los comunicados se le ocurrió poner el siguiente texto: "Caña, caña, caña, a los maderos, caña, caña, caña..". La policía informático/científica localizó el ordenador de Juan, y le detienen en su casa cuando llega de sus clases en la Universidad unos diez días después de la "mani". En el juicio, el magistrado le acusa de estar integrado en una banda criminal, similar a una banda de narcotraficantes o atracadores, delito tipificado en el nuevo Código Penal. Es condenado a la máxima pena de cinco años por considerar que la expresión "caña, caña, caña, a los maderos", es propia de un terrorista urbano. Mi amiga la vecina del quinto cierra el asunto/trasunto a su modo y estilo: "Pues me dice un amigo del 15M que van a poner todos palomares, para hacer la mensajería en vez por internet o móvil, con palomas mensajeras, como en la Edad Media, que es adonde nos quiere retrotraer el Partido Popular. Seguro que a las palomas no las intercepta la policía, a no ser que tengan palomos buchuos, Mire, hablando un poco en serio, quieren violar la Constitución monárquica poniendo penas incluso a quienes miren mal a un policía, porque ahora mismo los delitos violentos ya están perseguidos en el actual Código Penal, pero me da la impresión que pretenden volver aquellos tiempos en que las reuniones de más de tres personas estaban prohibidas, y a este paso lo más probable es que pongan en vigor la Ley de Vagos y Maleantes de la época de la dictadura franquista, y ya veo a mis hijos estudiando como hicimos nosotros la asignatura de Formación del Espíritu Nacional, de tan triste recuerdo.".

Con este panorama (hipotético) no me rozo por el Parque de San Telmo ni para ir al Hotel Parque el día de una "mani", por si acaso.

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