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Honestidad

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También tengo presente una tira de Mafalda en la que dos acaudalados señores, a punto de subirse en su despampanante auto, ironizan sobre sus pensamientos de antaño, justo cuando pensaban que todavía se podía cambiar el mundo. Está claro que por su actitud, el coche en el que se suben y dicha ironía en su manera de hablar, fue "el mundo" el que los cambió a ellos y de ahí su comportamiento. Aún así, resulta de difícil digestión comprobar un panorama sembrado de las ruinas que unos pocos, aunque tampoco son dos, sino unos cuantos más, quienes se empeñan en dejarnos de recuerdo al resto de la sociedad. Tan depresiva reflexión viene a cuenta, no sólo al escuchar los intentos de aquellos que han perdido las últimas elecciones, empeñados en perpetuarse en el cargo cueste lo que cueste, sino por todos aquellos que los apoyan, pensando en su cuenta de resultados y en todo el capital que planean embolsarse gracias a los mentados cargos electos y su afán por aferrarse al sillón. Lo peor viene cuando, entre trifulcas, engaños y demás estratagemas, algunos son tan osados en mentar la palabra 'honestidad' para justificar su comportamiento. Imagino, tras leer la definición de la palabra, que quien se agarra a tal concepto, no sólo no tiene un buen espejo en su casa, sino que tampoco sabe leer nuestra lengua. Según el diccionario de la Real Academia, 'honesto', de 'honestidad' significa lo siguiente: decente, razonable, justo, recto y honrado. Sin ánimo de ser especialmente crítico, me gustaría saber en qué se parecen muchos de los que todavía gobiernan nuestros organismos públicos con la definición arriba escrita. Si ser razonable es favorecer a quienes no se preocupan del bien común sino de sus propios intereses; si ser justo es otorgar poder a quienes lo utilizan de manera absolutista, destrozando las vidas ajenas como si se tratara de un deporte de fin de semana; si ser razonables es colocar a quienes te doran la píldora o te agasajan con regalos para luego pedir prebendas; si ser recto es mostrarse intransigente con quienes no piensan igual que tú; y ser honrado es gastar aquello que pertenece a todos en unos fines que se escapan de la compresión de la ciudadanía, entonces sí que se entiende que muchos de los cargos electos defiendan su honestidad como si de un tesoro se tratara. Hemos llegado a un punto donde cada uno, en nuestra sociedad, parece discurrir por senderos totalmente opuestos. Cada uno piensa sólo en sí mismo y no hay el más mínimo interés en devolver a la sociedad nada de lo que ella nos ha brindado. De acuerdo que en nuestro país no existe el concepto calvinista de que si eres alguien con ciertos dones –ya sean del tipo que sea- tienes la obligación de invertirlos, ofrecerlos de nuevo a la sociedad que te ayudó a lograrlos. No obstante, ni aún teniendo los mejores gestores del universo, que no los tenemos, las cosas podrían marchar tan bien como uno quisiera. Puede que ahora, cuando muchos electores han pedido un cambio y los mismos de siempre se empeñan en construir un mundo caduco y maloliente, sea el momento de ponerse en marcha y buscar soluciones al margen de quienes no han demostrado el más mínimo interés por el futuro. De esa forma, se lograría construir en vez de destruir –algo que tanto gusta a quienes ahora conspiran en contra de los intereses de los ciudadanos-. Sé que estoy muy lejos de ser una persona que responda a la definición que antes les he propuesto, por lo menos lo tengo claro. Sin embargo, sí que tengo claro que a una sociedad se le ayuda trabajando por ella y no dinamitando su futuro con un despotismo que empieza a dejar pequeño al del rey Sol y otros monarcas de triste recuerdo. Queda mucho por hacer, pero ya es hora de que nos demos cuenta de que el futuro no pertenece a quienes piensan en el pasado –que según ellos, siempre fue mejor-, sino de aquellos que pensamos que hay otra forma de hacer las cosas, por extraño que parezca. De todas maneras, puede que, como dice el cartel, ellos sean los que están derechos –los sabiondos cargos electos- y lo que está torcido sea el mundo. Será cuestión de preguntarles a los miembros de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, después de su gira por la lejana y milenaria China, en busca de... pues de eso que sólo se encuentra en la lejana China.

Eduardo Serradilla Sanchis

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