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Lo que IUC planteó a la izquierda

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Si analizamos las razones por las que los acuerdos para las elecciones generales, en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, no incluyeron a todas las organizaciones interesadas, podremos evitar cometer los mismos errores en el futuro. Por mi parte, me limitaré a exponer la perspectiva de Izquierda Unida Canaria y, en particular, quiero acreditar la generosidad negociadora de mi formación, la ausencia de planteamientos personalistas y lo razonable que fue nuestra exigencia de sumar los votos de la provincia tinerfeña a los que más han sumado en el Estado.

El proceso unitario en la provincia de Santa Cruz de Tenerife se dividió en dos bloques: por un lado Sí Se Puede-Socialistas por Tenerife-Equo y los seis partidos que les apoyan y, por otro, Izquierda Unida Canaria-Iniciativa por El Hierro-Los Verdes. Estos dos bloques sumaron, el 20 de noviembre, 30.258 votos, de los cuales, el 66.4% los recibieron IUC y sus aliados y el 33.6% SSP-SxT-Equo y los seis partidos que les apoyaron.

¿Qué condiciones puso para pactar la formación que recibiría más de seis de cada diez votos? En primer lugar, IUC renunció a encabezar las candidaturas al Congreso y al Senado en esta provincia. Aceptamos que la candidatura al Congreso la encabezara un independiente que, por cierto, había firmado un manifiesto de apoyo a SSP. También acordamos que las siglas de IUC no aparecieran en primer lugar y que, de obtenerse diputado, no tuviera que integrarse en el grupo de IU en el Congreso. Quedó claro que sería un diputado de obediencia canaria.

Asimismo, IUC también aceptó que se rechazara al independiente que propusimos para encabezar la candidatura al Congreso por la provincia oriental y que, en su lugar, estuviera un candidato de la coalición en que participa SSP, que, en mayo, obtuvo en Gran Canaria la mitad de votos que IUC.

Lo que IUC rechazó es que los votos de la provincia tinerfeña se sumaran a Equo (que, por no sumarse a la coalición estatal de IU, no aportó diputados a la izquierda), en vez de sumarse a la coalición de trece partidos en que participó IU, pues se trataba del mayor esfuerzo unitario de las izquierdas en la etapa democrática. Tampoco aceptamos dejar que los votos los adscribiera, después de las elecciones, la Mesa del Congreso porque ello supondría que el PP tendría la potestad de decidir qué hacer con los votos progresistas de la provincia.

Tras las elecciones, la suma de los votos de Equo, en la provincia oriental, y los de SSP-SxT-Equo, en la occidental, aparece atribuida a Equo en los datos oficiales. Ello podría significar que los votos de SSP-SxT-Equo se adscribieron a Equo en el Estado y que, por lo tanto, después de las elecciones ya no podrían readscribirse a otra formación, aunque se ha dicho lo contrario. Si no fuera así, los 10.153 votos obtenidos en la provincia tinerfeña podrían ser llevados a la Mesa del Congreso y pedir al PP que los adscriba a alguna formación, aunque no tiene obligación de hacerlo. Y, por último, si no se da ninguno de los supuestos anteriores, esos votos no sumarían a ninguna coalición estatal.

Sería bueno que se aclarara qué pasó con los votos a SSP-SxT-Equo porque fue la cuestión que impidió que hubiera mayor unidad. No se trata de buscar culpables, sino de entender bien lo que ha pasado para hacer mejor las cosas en el futuro. Y, en este aspecto, me preocupa que algún dirigente de la izquierda alternativa haya hablado de la "rigidez" de IU y que otro menospreciara el resultado de IUC, advirtiendo que fue producto del tirón estatal e implicando, por lo tanto, que aquí IUC es una organización más o menos irrelevante.

IU incrementó sus votos un 73% en el Estado y un 223% en Canarias. Hubo tirón estatal y también mucho trabajo de una militancia creciente, que empieza a ver frutos de su esfuerzo (en mayo, IUC fue en solitario a los comicios locales en Gran Canaria y duplicó el porcentaje de votos). Me preocupa que se pueda decir que IUC ha sido "rígida" en sus exigencias y que se ningunee el esfuerzo de su militancia. Porque a cualquier partido siempre se le podrá pedir algo, en cualquier negociación, que no pueda aceptar y luego tildarle de intransigente. Sobre todo cuando su conducta, extremadamente generosa, es descrita como "rígida" y cuando los logros del esfuerzo militante no se reconocen.

*Coordinador de Izquierda Unida en Tenerife

Ramón Trujillo*

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