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Independentismo y nacionalismo

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Esto del independentismo y del nacionalismo lo empecé a vivir cuando hice la mili en Tremp (Lleida) hace ya medio siglo. En el campamento de Milicias Universitarias, a donde fuimos a parar treinta y pico canarios, había estudiantes/militares de todas las regiones de España. No había pasado ni un mes desde el comienzo de mi “brillante” carrera militar, cuando los catalanes y vascos especialmente me preguntaban si en Canarias no teníamos un partido independentista, o al menos nacionalista. Especialmente los catalanes y vascos, con algunos hice una gran amistad, me preguntaban, junto a otros milicianos por el asunto/trasunto. “Pero entonces, ¿no hay ningún partido que se oponga en la clandestinidad al Movimiento Nacional franquista”?. “Sí”, les contesté un buen día mientras nos bañábamos en el rio Noguera Pallaresa. ¿Y qué partido es?”, me preguntaron expectantes. “El Partido, sólo funciona y muy bien el Partido”. Lo entendieron rápidamente, ya sabían que me refería al PCE. Pero me expusieron con vehemencia que era extraño que en Canarias no hubiese una tendencia independentista, al menos nacionalista.

Los milicianos catalanes, al ser universitarios muchos de ellos muy politizados y con una gran cultura, la mayoría militaban en el Partido Socialista Unificado de Catalunya, la marca catalana del PCE, y todos ellos me hablaban del Estatuto de Catalunya que se puso en marcha en 1932, llamado el Estatuto de Núria, y que fue aprobado definitivamente con algunas enmiendas el 9 de septiembre de ese mismo año.

Pero si los catalanes, que eran casi mayoría en el campamento de Tremp, me hablaban de su pretendida autonomía en aquellos años de la década de los 60 que habían perdido con el franquismo, los vascos no se quedaban atrás y me recordaban que también en Euskadi se puso en marcha el 1 de octubre de 1936 su Estatuto, ya comenzada la guerra civil española, y el 7 de octubre de conformó el primer gobierno vasco que fue presidido por José Antonio Aguirre, integrado por el Partido Nacionalista Vasco, PSOE, PCE, Acción Nacionalista Vasca, Izquierda Republicana y Unión Republicana. Inicialmente los vascos pretendieron un estatuto que incluyera a Navarra en la nación de Euskadi, pero al final se redujo a Vizcaya, Álava y Guipúzcoa. Los gallegos fueron los que no llegaron a disfrutar de Estatuto de Autonomía porque plebiscitado el 28 de junio de 1936 no llegó a entrar en vigor porque un mes después comenzó la guerra civil y Galicia quedó en manos de Franco desde el primer momento. Me decía un gallego muy simpático que el dictador dio el golpe de estado en julio para impedir que se pusiera en vigor la autonomía gallega. Nos reíamos mucho con Enrique, no recuerdo su apellido, con la gracia que contaba las cosas gallegas. Contaba este miliciano universitario de Vigo que su abuelo perteneció a la Organización Republicana Gallega Autónoma, muy entroncada a las Irmandades de Fala que trataba de organizar Santiago Casares Quiroga y Antón Villar Ponte. El abuelo de Enrique tras el golpe de estado del 18 de julio pudo huir a Oporto, en donde un amigo portugués lo estuvo escondido en su casa varios años.

Si los gallegos no pudieron tener su Estatuto de Autonomía, en Canarias tampoco vio la luz el estudio de Ramón Gil Roldán, que apareció publicado en el periódico tinerfeño “La Prensa” el 6 de junio de 1936, un mes y pico antes de la guerra civil, y no pudo llevarse adelante. Gil Roldán era un republicano tinerfeño defensor de la autonomía de Canarias, maestro nacional, catedrático de derecho romano en la Universidad de La Laguna, y fue diputado en las Cortes por el Partido Republicano por la circunscripción de Tenerife. Muchos años después, en agosto de 1982, y con un primer estudio realizado por Jerónimo Saavedra Acevedo y Antonio Carballo Cotanda, un socialista tinerfeño fallecido prematuramente, salió a la luz el Estatuto de Autonomía de Canarias, que a mí personalmente se me antoja trasnochado, injusto en su ley electoral, y con muchas carencias que a mis amigos catalanes y vascos de la época de la mili les sigue asombrando por sus enormes carencias.

Con todo esto, me da la impresión que todavía vamos a seguir viviendo algún tiempo los disparates centralistas de Madrid con Catalunya y Euskadi. En eso el PSOE ha seguido la línea españolista del Partido Popular que sólo hace incrementar los sentimientos de independencia. O de soberanismo, que se dice ahora.

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