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Indigna pobreza infantil

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El aumento de esta maldita penuria, deja patente que ha superado la precariedad de las personas mayores en nuestro país, que cuenta con un 21% de ancianidad, bajo la miserable depresión. Aunque se prevé que siga multiplicándose este deleznable guarismo. Ello tiene, como una de las consecuencias, que todos los miembros adultos de un mismo hogar carecen de trabajo, y han agotado el derecho a la prestación económica por desempleo, alcanzando ésta la suma del 120%, respecto a los últimos datos. Por lo que se incrementan día a día, los hogares en los que los ingresos familiares se han acabado. Ya casi existen los 2 millones de adultos, en los que todos sus miembros están sin trabajo, y por lo tanto, sin entradas monetarias para la compra de alimentos. Ofrece datos Unicef de estar en riesgo de exclusión 200.000 familias, que no perciben ningún ingreso dinerario. Y a ello se agrega negativamente, que los ingresos de tantas familias no superan los 16.400 euros anuales.

Lo infame de esta pobreza infantil, es que dejará profundas secuelas en la psiquis y físico de los pequeños, de por vida. Estos infantes están tan necesitados de los alimentos de primera necesidad, para su desarrollo integral, que se necesita de un programa de protección nacional para la infancia, como así lo promueve la propia Unicef. Y este amparo, que sea sin ambages ni hipocresías politiqueras hacia la infancia. Es un derecho de ética y justicia. Los infantes no solo sufren las carencias alimentarias, de servicios y necesidades primarias en sus físicos, también lo soportan los efectos sicológicos y de autoestima. Imprescindibles para su formación y rendimiento estudiantil y ejercicios físicos, en la frágil mente y cuerpo que se forma día a día en nuevos aprendizajes y experiencias. Son afectados, asimismo, en la convivencia entre los chicos, haciéndose ésta más difícil; añadido, en las relaciones de pareja paternal, hermanos y de padres e hijos. Sin una saludable vida infantil todo se derrumba en el devenir de cada infante.

Estos necesitados y menudos cuerpos infantiles, son en gran parte, el componente social para consolidar la futura generación de sanas y felices personas y trabajadores, que darán conformación a la idiosincrasia del País. Un país saludable, no enclenque ni sumido en profundas depresiones, que fueran arraigadas en la infancia, por la carencia en la calidad alimenticia y de las imprescindibles alegrías congénitas que se originan en la infancia con el afecto familiar y social. Y en la postrera existencia será el fiel que marcará sus estados de ánimos en la felicidad o en la desgracia interior.

De aquellos polvos estos lodos. Y pronto nos ahogará el fango de la misma ciénaga, de seguir con esta codiciosa sangría hacia las clases trabajadoras en general. Nadie auguró ni fue adivino, acerca de que esta malévola crisis de diseño financiero, fuera a llegar tan lejos en el tiempo. Ni los avaros e insaciables tecnócratas de las finanzas globalizadas, generadores de la misma, que tan canallescamente están haciendo sufrir a tantos trabajadores y familias enteras (y a las empresas, que producen el trabajo), que dependen de un triste salario para simplemente subsistir, a veces, en esta perra vida.

Después de la bacanal del consumo desmedido por parte de todos, del que hemos hecho gala y del que creíamos que iba a durar sempiternamente. Sobre todo por las clases medias hacia abajo. Se nos ha devuelto otra vez al redil. Cada uno a sus miserias. Algunos políticos, y demás adláteres, a sus corrupciones patológicas; y 'los ricos a sus riquezas' en verso de Antonio Machado; a sus voraces avaricias y a jugar en los vaivenes de la Bolsa. En este neo-feudalismo que padecemos, todo ha sido un sueño surreal para el dependiente de su trabajo, como aportación intelectual y física. La realidad de una vida de lujo y dispendio parece haber llegado a su fin. Al menos de momento. Ésta es solo para uno pocos y sus licenciosas inhumanidades.

El infante pobre y necesitado de alimentos para pervivir, que calamitosamente lo sufre actualmente en nuestra sociedad hispana, solo entiende de sus primarias necesidades fisiológicas. No quiere saber ni entender de las tiranías de la 'führer' teutona del IV Reich, basado en el belicismo de la economía de mercados, que aflige a toda Europa (en defensa de sus bancos y capitales); ni de los buitres tecnócratas de las economías mundiales; ni del FMI o del BCE; ni de la Bolsa o de la prima de riesgo. Desea únicamente calmar los alaridos de su estómago hambriento y de una supervivencia más placentera, en el uso y tenencia de objetos imprescindibles para su vida en mayor felicidad y equilibrios emocionales. Sin pobrezas agónicas ni carencias extremas.

Teo Mesa

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