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Israel, nuestro aliado terrorista

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Se empeña el gobierno de Israel en relacionar a los tripulantes y pasajaros de la Flotilla de la Libertad con AlQaeda y con Hamás. Piensa el ladrón que todos son de su condición. Un estado terrorista necesita enemigos violentos para justificarse. Pero comparar unas tiraderas, unos boliches y unas sillas de plástico con el armamento que llevaban encima los militares que asaltaron la Flotilla de la Libertad provocaría risa si no fuera porque estamos hablando de más de diez muertos y decenas de heridos.

Las únicas armas peligrosas que llegaron a la flotilla las llevaban los militares israelíes. Si no fuera así ya lo sabríamos, es imposible esconder un arma ante los servicios secretos más preparados del mundo. El video con las imágenes de las tiraderas y los boliches difundido por el ejército israelí es una prueba de la desesperación del gabinete de Netanyahu que intenta recuperar la imagen entre sus aliados. Cuando tienes una maquinaria de guerra acostumbrada a asesinar a disidentes, a eliminar a palestinos, resulta difícil frenar a unos mercenarios acostumbrados a asesinar a cualquiera que levante la bandera palestina. Después de cada masacre perpetrada por el ejército sionista viene la impunidad internacional, y así ha pasado más de medio siglo.

Pero esta vez fueron demasiado lejos. Los que levantaban la bandera solidaria son europeos y turcos. La mitad de los pasajeros son de Turquía, un país musulmán vinculado a la OTAN, que hasta ayer mismo realizaba maniobras militares con Israel. Por eso Netanyahu suspendió su encuentro con Barack Obama y regresó a su país. Todos los muertos no valen lo mismo. Si los muertos hubieran sido unos niños palestinos o unas familias de un campo de refugiados la agenda del primer ministro hebreo se hubiese mantenido con normalidad, los gobiernos europeos no hubiesen llamado a consulta a los embajadores, ni se hubiese convocado una reunión de la ONU o de la OTAN.

Los muertos son nuestros y tenemos que aprovechar esta situación. Para pedir, por ejemplo, al gobierno español, que aproveche la consulta al embajador israelí en Madrid para anunciarle que no le venderá más armas. En el primer semestre de 2008, antes del último ataque masivo contra la población de Gaza, España vendió a Israel armamento por valor de 1.551. 933. En el primer semestre de 2008 el reino de España vendió a los sionistas más armas que en todo el año 2007. Es verdad que el estado español también respaldó con doce millones de euros a los refugiados palestinos en Oriente próximo. Pero sería más coherente, y más barato, no vender armas al ejército invasor para no tener que dar dinero después para atender a las víctimas de esas armas españolas.

Los militares israelíes que causaron al menos diez muertos asaltaron el barco Mavi Marmara a las cuatro de la mañana, con nocturnidad y alevosía, un ataque en aguas internacionales. Si Israel fuera Irán, Venezuela o Cuba ya estaría invadida por la OTAN. Pero Israel es un estado aliado. Estado terrorista, que se salta las resoluciones de la ONU, que perpetra masacres en Gaza y Cisjordania por tierra, mar y aire. Que asalta unos barcos cargados de toneladas de ayuda humanitaria.

En julio del año pasado la OFAC (oficina norteamericana responsable de las sanciones a empresas que no respetan las normas comerciales) impuso a la compañía Philiphs una multa de 128.750 dólares. La administración Obama no le perdonó a Philpiphs su terrible delito: vendió material médico al gobierno cubano. Tras la masacre de ayer un portavoz de la Casa Blanca se limitó a "lamentar" lo ocurrido, y pidió una investigación de los hechos. Con Obama, con Clincton o con Bush, los israelíes siguen siendo para Washintong lo mismo que el dictador sanguinario nicaragüense para el presidente Rooselvet "Somoza may be a son of a bitch, but he is our son of a bitch". Por eso Israel, nuestro aliado, puede seguir siendo un Estado terrorista.

PD: En el Parque San Telmo se realizó ayer tarde la primera concentración de rechazo al ataque terrorista a la Flotilla de la Libertad. Manifestación pacífica donde la policía no quiso pasar desapercibida, fichando el carné de identidad del joven que hablaba por el megáfono y de otro que hacía fotos a los manifestantes. Una provocación policial innecesaria. Parece que en Canarias la solidaridad con Palestina también supone un ataque a la seguridad del Estado.

Juan García Luján

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