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Israel, estado terrorista

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Los tres primeros días de ataques israelíes sobre Gaza han acabado con veinticinco niños y más de trescientos adultos. Y, ante este balance, a muchos dirigentes políticos no se les ha ocurrido nada mejor que repartir culpas entre Israel y Hamás, a cuenta del fin de la tregua. Como si el brutal bloqueo que Israel impone a Gaza no fuera en sí mismo un acto de violencia perpetrado cada hora que pasa, cada día que pasa, es decir, un acto incompatible con una auténtica tregua.

Seamos claros, Israel es el gran responsable de lo que sucede por su negativa a cumplir con el derecho internacional y a devolver a los palestinos sus territorios. Los dirigentes israelíes quieren obtener de la fuerza lo que no pueden obtener del derecho. Y sus violaciones de los derechos humanos de los palestinos han quedado impunes porque, por una parte, Washington veta en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas las sanciones que merecería y, por otra, la Unión Europea mira para otro lado.

Israel se ha transformado en una Esparta moderna, con un gran porcentaje de población dedicada a actividades militares y de seguridad, con armas nucleares y una avanzada industria militar. Durante muchos años ha sido un gran receptor de ayuda estadounidense, a cambio de asumir el papel de gendarme de Washington en la región que alberga las mayores reservas petrolíferas del mundo. También a cambio de ayudar a la Casa Blanca a armar y equipar a grandes violadores de los derechos humanos cuando en Congreso se lo prohibía, como ocurrió con Guatemala y El Salvador en los años ochenta.

Los dirigentes hebreos han degradado el papel de su país en la sociedad internacional. El israelí Benjamín Beit-Hallami escribió un libro sobre el suministro de armas y asesores de seguridad que el Estado hebreo ha proporcionado a una gran cantidad de dictaduras del Tercer Mundo. En ese libro cuenta una anécdota que simboliza la degradación de un país que impulsaron tantas víctimas del nazismo. Beit-Hallami se refiere a la visita oficial del presidente de la Sudáfrica del apartheid al Museo del Holocausto en Jerusalén. Los supervivientes de Auschwitz nunca habrían imaginado un homenaje conjunto a las víctimas del racismo nazi, llevado a cabo por las autoridades de Israel y el presidente de un Estado racista. Fue un buen ejemplo de cómo los símbolos acaban reducidos a coartadas para globalizar el matonismo.

Israel tiene el desafío de convertirse en un miembro responsable y pacífico de la sociedad de estados. Y, para ello, tendrá que cumplir con la legalidad internacional, devolver a los palestinos sus territorios, abstenerse de aplicar castigos colectivos y renunciar a exportar material y asesoramiento para la represión a estados dictatoriales.

Debemos tener claro que los asesinos de las cinco niñas de Gaza ?y de tantos otros- son simplemente terroristas, al igual que el Estado que les envía a cometer tales atrocidades. El terrorismo sigue siendo terrorismo aunque los que aprietan el gatillo lleven uniforme y utilicen la palabra guerra. A fin de cuentas, a menudo la guerra es el terrorismo de los ricos y el terrorismo la guerra de los pobres.

*Ramón Trujillo es coordinador de Izquierda Unida en Tenerife.

Ramón Trujillo*

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