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Malta, Italia, Grecia y Canarias por Víctor Alonso

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No sé qué diferencia existe entre esta forma de alarmar a la población y la que desde otros ámbitos se vieron obligados a hacer hace unos meses para reclamar la atención de un Gobierno central y una Unión Europea que no supieron estar a la altura cuando en Canarias se rozaba la tragedia y después de tener a Fuerteventura como el más claro ejemplo de lo que podía avecinarse. Cierto es que han descendido el número de pateras en estos últimos meses, pero si nos basáramos en los últimos acontecimientos podríamos pensar que las mafias se están dando tiempo para ingeniar nuevas fórmulas que permitan viajes más largos con nuevos medios, como la utilización de barcos temerariamente más resistentes, pero que en realidad rebosan fragilidad. ¿Es ese el mensaje que nos lanza el señor Caldera? Aún así y con todas esas palabras tranquilizadoras sobre que “todo inmigrante ilegal será repatriado”, no es motivo suficiente para bajar la guardia. Podríamos rememorar las declaraciones del delegado del Gobierno en Canarias, José Segura, hace ahora un año, cuando hablaba de un descenso fulminante en la llegada de pateras, para que sólo unas semanas después se destapara el mayor flujo de inmigrantes irregulares llegados a Canarias con la llegada de los primeros cayucos. Los cayucos parecen dar paso ahora a los barcos negreros, según el ministro, como ya ocurre en Malta, Italia y Grecia; y nos tenemos que quedar tan tranquilos. Como a juicio de los responsables del Partido Socialista nos teníamos que quedar tranquilos cuando el pasado año se registró por estas fechas un descenso en la llegada de pateras a las islas orientales para, poco después, conocer una nueva realidad de la inmigración clandestina procedente de África en barquillas con mayor capacidad y autonomía para realizar trayectos más amplios. Dar por hecho que nos tenemos que acostumbrar a la llegada de más barcos negreros es dar por hecho que no podemos hacer nada sino sentarnos y esperar a que estos barcos repletos de personas que han esperado meses o semanas para comprar un billete a un futuro incierto, lleguen a nuestras costas o se queden en el camino. No es por alarmar, pero si de eso se trata no hay más que rescatar las declaraciones del señor Caldera en su reciente visita a Canarias. * Presidente de Coalición Canaria en Fuerteventura

Víctor Alonso *

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