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Iván Robaina

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Se puede entender con inmenso dolor la muerte de un hijo víctima de una enfermedad, de un desgraciado accidente, pero no hay dolor que supere su fallecimiento sea cual sea la causa, y si es por la vergonzante acción, miserable, abusadora de tres energúmenos, presuntamente claro está, pateándole la cabeza, el dolor es infinito.

Si a esto añadimos la bastarda conducta de los que "presuntamente" golpearon su cabeza como si de un balón de fútbol se tratara, la situación se torna de dolorosa en ira justa, rabia, furia, frustración, en miles de preguntas sin respuesta.

Sus padres han dado soberanas muestras de su nobleza, y piden lo que en Justicia proceda pero han afirmado que nunca más debe ocurrir un hecho como el que ahora se está juzgando. Esa es su grandeza, y lo han dicho públicamente, pero el vacío, la ansiedad de separación, el duelo continuo por el hijo perdido se hará mayor cuanto mayor sean los silencios.

Para estos menesteres tan penosos está la Justicia que, a modo de compensación, reparte la culpa y la pena proporcionalmente al daño causado entre los autores de tan repugnante acción.

¿Repararemos la ausencia de Iván con dieciocho o veinte años de cárcel y también con unos miles de euros?

Y este sistema garantista judicial que tratará de rehabilitar a los presuntos causantes de la muerte de Iván seguramente se quedará, como sospecho, corto en la pena. Volverá a ser un clamor la solicitud de la cadena perpetua para los encausados.

Si la Justicia que no deja de ser una armonizada venganza proporcional no ve, no siente, no comprende, no oye, la infinitud del dolor de los padres de Iván, ni la lesión de una sociedad que asiste atónita a hechos como el que se enjuicia, el castigo debe ser de descomunal tamaño, ni un ápice menor.

Hasta tanto sean declarados culpables les asiste la presunción de inocencia a estos reos de la Justicia.

Iván, sin embargo, ha sido asesinado obviando su inocencia.

La sociedad, con todas las garantías procesales exigibles , no va a quedar en silencio con la petición de la fiscalía y acusación particular. Repugna la desproporción de las penas por robar una gallina y las derivadas de un asesinato en manada.

Los legisladores son los políticos que están en el Parlamento español y a ellos corresponden las modificaciones necesarias.

Las bases biológicas de estas conductas asesinas están perfectamente plastificadas en los cerebros de los autores de este asesinato. La agresividad humana no tiene comparación posible, es única, y si además se reúnen en manada o uniformados el quebrantamiento de cualquier norma es de dislocación total.

Un abrazo doliente para los padres de Iván y ojala haya piedad suficiente para estos tres encausados pero si el que a hierro mata a hierro muere, el castigo debe ser proporcional al daño causado, todos irreparables, la vida de Iván no nos la van a devolver ni el dolor de los padres tendrá fin. ¿Dieciocho, veinte años?

Consideren sus señorías parlamentarias, legisladores en nombre del pueblo soberano, el debate de la perpetuidad de una condena.

Carlos Juma

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