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José María Millares, pureza poética

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Pero tu enérgica lucha y resistencia con la fratricida muerte hicieron que la vencieras una vez más en la madrugada, con la aurora sin despertar, pasado el tic tac del día siete, poniendo fin a tu existencia el ocho de septiembre, la fecha que deseabas, día de la onomástica de tu amada y musa Pino Betancor, haciéndole el mejor regalo lírico a la también poeta y siempre esposa, para el definitivo reencuentro de ambos creadores del arte de la palabra sublimada, en los celestes empíreos del dios Apolo. Envenenada estaba la traidora muerte por los celos de tu pureza poética y fecundidad creadora, no podía resistir la enquistada envidia de cruel enfermedad que la provocaban tus versos.

Entre ayes y lágrimas, suspiros y aflicciones, han quedado los tropos y las metáforas, los epítetos y las rimas, las métricas y los versos libres. Sobre todo las que bautizaste como paremias se han quedado huérfanas porque el patriarca del arte lírico de Canarias ha partido en su obligado transir. Sus mieses creadoras, sus efluvios retóricos, su profunda voz declamatoria sin igual, se han quedado yermas y mudas.

La artística firma por ti creada, como logotipo único gráfico por tus mientes creadoras, que tal dibujante fuiste, no podrá poner la rúbrica en el final de tantos poemas que has dejado inéditos en los últimos años de facundia y fertilidad poética de tu existencia, pero sí has firmado, con aquel ecléctico garabato de letras y rayas, una colmada vida de oropeles poéticos.

Ayer, día octavo de septiembre, escribiste el último verso de tu poemado existir.

Hasta la eternidad entrañable poeta y amigo José María.

Teo Mesa

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