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De Julio César a Mauricio

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Más o menos como Mauricio, al que le vienen insistiendo sus compañeros de CC para que sea su candidato a la alcaldía. El hombre se resiste, pero me da que si el pueblo se lo pide y el ejército lo respalda, que se decía en lo antiguo, accederá. Está en el aire. Es lo que piensan quienes lo promueven. Los veo dispuestísimos a insistir dando por descontado que, al final, aceptará. No les importa, afirman estos entusiastas, apurar el plazo límite para la presentación de las candidaturas en la razonable seguridad de que no se lo van a apuñalar antes. César sólo hubo uno y Mauricio otro. Y ya no se llevan los idus de marzo; que están al caer, por cierto. Pero hoy bastaría una buena filtración. Pero no sólo les permite demorar su designación la alta improbabilidad de apuñalamiento. No porque escaseen quienes le tienen ganas sino porque estos asuntos requieren clasicismo y para empezar no contamos con Senado amarmolado donde victimarlo. No hay prisa, dicen, porque no sería un candidato desconocido. Uno inédito tendría que estar ya en la arena y en los papeles para que el electorado se familiarice con su imagen. Gasto y esfuerzo que les ahorraría Mauricio, afirman jubilosos, porque, es fama, lo conoce todo el mundo; sin reparar en que igual es precisamente que lo conozcamos bien parte principal del problema. Cuando pegaron con que igual lo ponían para ala presidencia, él mismo dijo que podía ser un buen presidente aunque fuera mal candidato; justo por eso, añadiría yo, porque lo conocemos. El caso es que tiene tan crudo CC encontrar a alguien con el perfil adecuado que se ven constreñidos, los nacionaleros, a mirar hacia el dicho Mauricio, que, la verdad, perfil, lo que se dice perfil, le sobra; que sea el adecuado va en gustos y si ellos lo quieren, no hay más que hablar. Resultará entretenido. La alcaldía, recordarán, es asignatura pendiente de Mauricio. Pudo haberla conseguido en su día por el tercio del time sharing de su invención que contribuyera a poner la corporación patas arriba. Fue primero alcalde, recuerden, José Vicente León; le sucedió al año y pico José Sintes y se armó la tremenda carajera justo cuando le tocaba el turno a Mauricio. Nos quedamos, pues, con las ganas. Según me enseñaron, cuando la historia se repite lo hace como caricatura. La cuestión es que, vistas las reconocidas habilidades de Mauricio para volver todo del revés, no sabría decirles si la caricatura fue aquella historia de la alcaldía compartida a tiempo parcial o lo que ahora pretenden sus incondicionales. Entretenido, ya les digo.

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