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Libertad de expresión

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Me dice un buen amigo que no está de acuerdo con los planteamientos, las ideas que expreso sobre Catalunya, y le digo que eso es lo bueno, que discrepe, que me critique, porque no estoy en posesión de la verdad absoluta. Pero al buen amigo le digo que quizá mi problema sea que conocí Catalunya porque me tocó la mili en los Pirineos ilerdenses, tocando frontera con Francia, y conocí las mugas (caminos vecinales), a los pageses, y a muchos universitarios catalanes que hacían la mili conmigo, en su mayoría antifranquistas y republicanos. Le cuento cómo un buen día por esas maniobras abiertas que hacíamos por los intrincados montes de los Pirineos, llegamos a un barrio de Pobla de Segur, ganadería por aquí, frutales por allá, y unos pageses nos invitaron sin que se enterara el teniente que mandaba la expedición a una comida exquisita. Ensalada, conejo en salsa, papas y vino del Priorato, que aunque no me hacía mucha gracia se agradecía con el fresquito que hacía por aquellas alturas. Eso de conocer Catalunya tan joven me da una idea de lo que acontece por aquellas tierras, que no es moco de pavo. Dos o tres pageses (campesinos) me demostraron su animadversión a Franco en una conversación interrumpida por la llegada al lugar de los mandos profesionales. Una cosa que también me impresionó fue otro día cuando le vi pegar un cogotazo a un niño de Tremp a un policía armada (la gristapo) diciéndole ¡habla cristiano, coño! El pequeño apenas sabía hablar castellano y hablaba con sus amiguitos en catalán. Recuerdo que cuando llegué a Gran Canaria del primer campamento de la Instrucción Premilitar Superior (IPS) dije en el Club Victoria y en el viejo “Diario”, en donde ya trabajaba, una frase que levantó ampollas y ronchas: “Me da la impresión que algún día Catalunya será independiente”.

Tuve que pronunciar esta frase en voz baja, porque en plena dictadura franquista no se podían decir esas cosas, y menos en mi caso pues era militar en esos momentos y se me podía caer el pelo. Pasaron los años y los amigos de confianza, en el periódico y en el Victoria, me preguntaban con cierta ironía y no menos coña: ¿Y cuando será Catalunya independiente?, y a todos les devolvía el sarcasmo: “cuidado, dije que algún día, pero no dije el día ni el año”. Lo mismo digo ahora, me da la impresión que algún día se independizara de España. Pero como sufrí el franquismo, incluso la censura previa en el periodismo, que había que llevar las pruebas de todas las informaciones a la calle Triana, en donde estaba la Delegación de Información y Turismo franquista, y por todo esto y mucho más soy un defensor a ultranza de la libertad de expresión, y creo que el gobierno de Mariano Rajoy se está equivocando gravemente con Catalunya, y que está rompiendo todos los puentes para un entendimiento futuro. Que una monarquía tan conservadora como la británica, con el Partido Conservador en el Poder, le permitiera a Escocia hacer un referéndum independentista, que un Canadá conservador con un partido conservador en el Poder, le haya permitido a Quebec hacer dos referéndum, es como para por lo menos ponerse a pensar. A lo mejor el gobierno en pleno del Partido Popular con Rajoy a la cabeza debería ir a Escocia y a Quebec a estudiar un poco el tema del derecho a decidir, y a impregnarse de democracia.

Pero en plan realista, aunque no monárquico, creo que el referéndum no se va a celebrar y la situación será la del cuento de nunca acabar. Puede que haya una especie de 9-N, más o menos amplio, eso es posible, pero un referéndum no lo veo factible sino hay pacto entre España y Catalunya. Puede que el 1 de Octubre haya una participación ciudadana amplia, incluso con urnas, pero para un referéndum tiene que haber una normalidad total y esto deja de existir debido a la posición intransigente del Gobierno del Partido Popular. La incógnita es si habrá una participación ciudadana que podría desbordar las instituciones del Estado, con una importancia política muy grande, pero no será un referéndum. Y seguirá el cuento de nunca acabar per secula seculorum, pero esa situación podría afectar en el futuro más o menos inmediato no sólo al partido del gobierno, sino a la propia monarquía borbónica.

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