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Mayoral se planta

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Ir por libre puede resultar sencillo para quien tiene un nivel único de oportunidades, sin duda conquistado por mor de sus aciertos empresariales. Lo cierto es que Boluda igual está en África que en México, que en otros países latinoamericanos, que en Valencia, su tierra natal, que vicepresidiendo al Real Madrid. De Canarias le interesa por encima de todas la isla de Gran Canaria: es un enamorado de su puerto, de su capacidad de expansión; sostiene que habría que construir dos terminales más para crear una mayor demanda, y que a Tenerife no le queda otro remedio que expansionarse en Granadilla, o donde sea, porque su puerto es una bocana prácticamente cerrada que ha terminado clausurada, irreversiblemente, con las últimas obras diseñadas por Zerolo. Boluda es un gran fichaje para nuestro mundillo económico local, y con él ganamos en categoría y en mirada exterior, lo cual siempre es bueno para combatir nuestro exceso de ombliguismo. Habló el magnate valenciano maravillas de Emilio Mayoral. Lo retrató como un gestor serio, honrado y firme. Le tiré de la lengua sobre si le parecía inexperto e inseguro. Y al contrario, me explicó, “a Mayoral nadie le pueda enseñar nada del Puerto”. “Se las sabe todas, y si no lo sabe se asesora muy bien”. Hallé en sus palabras una velada crítica a actuaciones anteriores, donde la inseguridad jurídica era la madre de todas las vergüenzas, en un momento en el que casualmente el presidente de la Autoridad Portuaria acababa de superar el desagradable consejo de administración del jueves, o lo que es lo mismo: de doblegar Mayoral al denominado “lobby del Puerto”. Y es que sucedieron cosas graves. El contrato de Inerza blandido por un atosigado Germán Suárez, (un contrato que son muchos contratos rubricados en la época de Luis Hernández y Arnáiz, contratos multimillonarios de décadas), han sido escrupulosamente analizados por el equipo de Mayoral, el cual llegó a la conclusión de que eran lesivos para los intereses colectivos y sus cantidades claramente infladas. Mayoral está en el recorte y Suárez en la reivindicación de lo firmado, y así ocurrió que en la disputa tuvo que salir el segundo de a bordo, José Miguel Pintado, para asegurar que su firma, la que aparecía en el susodicho contrato, no era la suya, que se la habían falsificado. Y que la otra firma, la del presidente de la Autoridad Portuaria de entonces, el citado Luis Hernández, consultado en privado, tampoco era la suya, que era una vulgar fotocopia de su rúbrica en un documento distinto al que mostraba el presidente de Asticán. Y, claro, el asunto es aparentemente grave pues la falsificación de firmas es actuación ilícita, constitutiva de delito, y se supone que hablamos de personas serias que saben lo que se hacen y que no se engañan entre sí. Alguien miente y el contrato original, de momento, nadie sabe dónde está. Piensa Germán Suárez que Mayoral le persigue y no sabe por qué. En realidad se pregunta si es solo Mayoral o todo el PSOE local. Me temo que no podré darle tranquilidad en este capítulo al conocido empresario. Tal vez debiera preguntarse quiénes han sido sus amigos hasta hace poco y qué favores cruzados se hicieron. Y, sobre todo, si esa información la poseen los socialistas. Mayoral no actúa por su cuenta. Como dice Boluda es serio, riguroso y sabe lo que se hace. Pretende aplicar un principio de transparencia y nada menos que la ley, y ya sabemos que por el Puerto no había otra ley que la que marcaban determinados empresarios que, por cierto, elegían a sus presidentes y su política a seguir, como si fueran empleados de lujo.

Francisco J. Chavanel

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