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La Múcura, la cúpula, Santiago y cierra España

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Más hete aquí que los nietos de don Claudio, creciditos, algunos con bigote, otros con barba, enanos y gigantones, nos actualizan aquellos festivales de ovaciones sin fin que quedaban reflejados en las crónicas periodísticas con un paréntesis en el que se abrigaban “aplausos”, “vítores” o “Franco, Franco”. Y el espectacular discurso en el que se enfatiza la convicción delirante de la cúpula pp-parlante, su probada paranoia, la megalomanía, la visión dantesca de la fractura, incluso geográfica, de la España insulo-peninsular, y las alucinaciones audiovisuales que sufren, me apenan sobremanera. En este triste trono levantado a pulso por los gritos enfervorizados de sus anencefálicos seguidores -otros tienen de enorme valía personal pero callan para desgracia de todos-, se yergue el tinte de los encanecidos cabellos y asoma la curva que deja al descubierto la diástasis de los rectos abdominales (¿ya no vas al spa, inglés?). Esta no es la orientación de aquel discurso centrado de la cúpula dirigente del PP que votaron millones de españoles. El rumbo que marca su secretario general, su presidente y el de la FAES (¿falange española?) con el azafrán del otro ZP -ZaPlana-, y los disfraces que nos brinda doña Rogelia, aquella que fuera excelente ministra de Sanidad, es el que quiere abrazar a una iracunda facción española, que marca los maseteros y se rompe la dentadura para no dialogar, y llevar a la opinión publica a una situación de crispación. No queda títere con cabeza, ni poder al que no joder. La instalación y cableado de esta dirección del PP, nacional y regional, se ha transformado en un lactante regurgitador que se ha mamado lo dulce de la esperanza de millones de votantes y lo vomita en escopetazo. El miedo se ha ido adueñando de la sociedad y muy pocos ciudadanos hablan de política y los que lo hacen se enfadan. He visto familias que, viendo los informativos, cruzan miradas que dan escalofrío; las distancias se hacen mayores y no se habla, se grita. Esta España nuestra, mayoritariamente, tiene una gran capacidad de crítica y de razonamiento y no creo que estemos para escuchar los chirridos con que nos obsequian los carros cerebrales de políticos de uno y otro corte, vacíos de contenido. ¿Por qué se consiente la sarta de disparates que suelta quien tiene por primer apellido nombre de ciudad y de segundo neutro de pez, y calla la Judicatura? ¿Hemos olvidado la que se armó con Pacheco cuando afirmó que la Justicia era o es un cachondeo? Amigo mío, si usted aparca su coche en doble fila y es denunciado no diga que es una persecución o que el agente actúa de manera servil al dictado de sus superiores jerárquicos. Usted viola las normas y leyes y deberá asumir las consecuencias, como el hermano de Guerra, Roldán, Cachuli, El Vaquilla, Roca, Farruquito o tantos otros. No sabía que al señor Rajoy le gustara también el salmón que, por cierto, no es pez de estas aguas canarias. ¡Qué pena que no pudo usted, señor Rajoy, levantar la mano del alcalde aquel como en su anterior visita! ¡Cosas de Fitur! Me quedaba una cierta esperanza en el señor Rajoy, pero es cierto que existe la psicosis a dos para lamento de todos. Se le extravían los adjetivos cuando advierte que en el caso Mogán la denuncia la hace una concejala y no revela su procedencia del Partido Popular. Para la memoria rabitos de pasas y mejor si son de Málaga. Si exigimos Justicia, debe ser la misma exigencia para todos. Si exigimos la verdad, no digamos medias verdades; y si para ser un gran político hay que ser hierático, frío, calculador, distante y soberbio, como me pareció escuchar del talibán de la radio en la entrevista con Jesús Quintero, ni me abstendré ni votaré en blanco porque esto es lo que, en definitiva, se busca con este discurso esperpéntico al que, lamentablemente, nos está acostumbrando la cúpula de los conservadores. Y digo cúpula que no múcura, pues si a ésta no se la levanta ni con la ayuda de San Pedro, difícil está aflojar la tornillería de la cúpula de estos mazinger zeta. Correr por las bandas es fantástico en el fútbol, pero en política me parece muy grave. ¡Santiago, cierra España, que vienen los rogelios!

Carlos Juma

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