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La Navidad y el dentista

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La diferencia quizás más notoria es que al dentista vamos sabiendo que es un mal necesario, somos concientes de la motivación que hay detrás: tener los dientes sanitos. ¿Pero qué es lo que mantenemos sano con esta cita navideña? Desde luego que, nuestro cuerpo, decididamente no, en vista de los banquetes que nos damos en repetidos almuerzos y cenas y de las panzadas de polvorones, turrones y demás calórica familia. Pero ¿y el espíritu? ¿Se ensancha nuestro espíritu después de cada oleada de hombres de rojo trepando por las ventanas (que no sé si parecen más ladrones o suicidas), comercios eternamente abiertos, colecciones de invierno, nintendos, best-sellers, juegos del año, y niños que eligen sus regalos por catálogo?

Cuando yo era pequeña, en el colegio nos contaban qué era la Navidad. Aunque había muchos elementos que no encajaban (como los árboles adornados con bolas y guirnaldas y los señores de rojo con sus barbas, que no pegaban con el Belén y por tanto eran cabos sueltos en aquella escenografía), todo quedaba más o menos claro: estábamos celebrando el nacimiento de un Niño al que unos Reyes llamados Magos le llevaron en su día oro, incienso y mirra. Esos mismos Reyes, en un alarde de velocidad supersónica, llevaban regalos a todos los niños del mundo que se hubieran portado bien. ¿Hasta ahí, todo muy lógico, no?

Últimamente, sin embargo, esta historia es ya un recuerdo difuminado y mil veces mezclado en una coctelera con un montón de nuevos elementos: Santa Clauses que bailan al ritmo de la Macarena, renos que venden móviles, gorros rojos con lucecitas, nieve artificial, abetos de plástico y fiebre de comprar y envolver para regalo. Todo, claro está, con su precio astronómico bien visible, porque ya no hay pudor en dejar ver que ser felices y fraternos en Navidad ?como la fama- cuesta.

En cualquier caso, a mí con todo esto me va como con la cita con el dentista: sólo me dan ganas de huir. A ver si este año los Reyes consideran que me he portado bien y ?si no me consiguen en calendario de los curas vaticanos- al menos me traen lo que les había pedido: algo de sentido común para todos y una Navidad un poco más llevadera.

Fayna Brito

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