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Objetivos (quiméricos) del milenio

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Los Objetivos de Desarrollo del Milenio se basan en los ocho puntos marcados, desde aquel año 2000, tratando primariamente de erradicar esta pandemia ancestral del hambre y la pobreza, que parece ser castigo de los dioses, que afligen a estos países y sus causas de subdesarrollo: pobreza extrema; alfabetización, y sobremanera las curaciones infantiles y adultas, salvando así a 16 millones de vidas, entre mujeres y niños en los próximos cinco años, sobre todo en las 18 naciones más pobres del mundo, estando 12 de las más depauperadas, en el África subsahariana. En este propósito solucionable, el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon, ya tiene el compromiso de algunos Jefes de Gobiernos, grupos privados y filántropos particulares, que sumando todas las donaciones hacen un total de 40.000 millones de dólares.

Las escalofriantes cifras que dan los datos censados son las siguientes: de 1.200 millones de personas son las que subsisten, con más o menos, un dólar al día. Otros 860 millones de seres pasan miserables hambrunas de muertes inmediatas. 114 millones de niños no acuden a la escuela; y tantos cientos de miles son esclavizados con trabajos impropios de su edad de desarrollo biológico. 11 millones de niños menores de 5 años pierden la vida por enfermedades que son tratables fácilmente con medicamentos comunes y asequibles. El agua potable, cada vez más difícil de obtener, por las grandes y prolongadas sequías (que además, hace más difícil el cambio climático, del cual son ajenos de esas maléficas consecuencias), no teniendo acceso al líquido elemento más de 2.500 millones de personas.

Y en solo proyecto y promesas (incumplidas) quedó plasmado, porque desde aquel año 2000, de los 192 países firmantes, un mínimo son los países que han cumplido con el agónico compromiso, tan urgentísimo y serio, y tan vital para millones de seres humanos, que subsisten en extremadas penurias de hambrunas, pobreza lacerante y analfabetismo, y por lógica desposeídos de formaciones profesionales, para poder desarrollar sus vidas con labores competentes y eficaces. Solo han ido, una vez más, en esta ocasión parlamentaria reciente, a hacer acto de presencia con generosas palabras, melosos discursos y bondadosas intenciones, y sin embargo, las buenas y obligadas acciones humanitarias brillarán por sus falacias, una y otra vez. Una cosa es predicar y otra dar trigo.

Ese ha sido el artificio del nefando discurso del presidente de la gran potencia UU EE, Mr. Obama, el cual ha prometido, en su ayuda contra el hambre y la pobreza radical, que irá destinada solo a los países emergentes. O sea, a aquellos que, en un futuro próximo, serán sus clientes en el consumo de productos norteamericanos. O lo que es lo mismo: un préstamo o una inversión económica a medio plazo. Y los demás, los no emergentes y pobres de solemnidad, que se las apañen solitos, y supliquen en rogativas, el maná que les caiga del firmamento.

Todo este proyecto de la ONU será producto de una quimera, por las experiencias vistas, y de las faramallas de estos charlatanes de feria, obesos y embriagados de satrapías en sus ricas naciones, que con hermosas palabras y promesas incumplidas juegan tantos de los Gobernantes miembros y componentes de la ONU, que cuando hay que ser solidarios con los seres humanos más necesitados del planeta, a los cuales han explotado los países ricos del globo, o que los subdesarrollos son consecuencias directas de su desvergonzada riqueza, bien por haber sido esquilmados los países tercermundistas, en sus materias primas, por las potencias del primer mundo; y además, por las trágicas catástrofes naturales que el cambio climático origina y afecta en aquellos territorios, producto de la enajenada industrialización occidental.

Quizá las grandes y pudientes potencias económicas e industrializadas de la Tierra, no han pensado aún, con sus equipos de marketing, que habría que evitar, a toda costa, que no mueren de hambre y otras enfermedades malignas, esos tantos millones de seres, para que sean futuribles consumidores de sus productos estrellas de los mercaderes occidentales, que buscan alocadamente consumidores para sus coca-colas, ferraris, macdonnals, microsofts, ikeas, toyotas, telepizzas, googles, facebooks, o el 'sursum corda' del fútbol televisivo. Pero no, ya tienen asegurado el negocio armamentístico, del asfalto y de los viajes espaciales. Y si no los mata el hambre, mueren por el arma de fuego que ellos han vendido.

Teo Mesa

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