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Obscenidades y demás asuntos de familia

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Jerónimo Saavedra ha pedido la dimisión del ministro de Justicia porque considera impresentable que se vaya a cazar con el juez estrella en el pueblo de éste, invitado por el ex alcalde del PP. Sin embargo, no pide la dimisión de Soria, que está imputado, como su número dos, Manuel Fernández, por aceptar una invitación de un empresario noruego dos meses antes de votar a su favor un proyecto de miles de camas turísticas en su urbanización privada.

Paulino Rivero se ha sumado a la petición del alcalde de Las Palmas de Gran Canaria y del presidente del PP sobre la dimisión de Bermejo. Sin embargo, el presidente del Gobierno de Canarias considera que su vicepresidente imputado por cohecho no debe dimitir porque aún no está condenado y confía en su inocencia.

El nuevo presidente de Nuevas Generaciones de Gran Canaria, imputado por extorsión, también ha pedido la dimisión de Bermejo, emulando así a su jefe Soria en su discurso y en su imputación. Sin embargo, Sergio Falcón no emplea el mismo argumento para pedir la dimisión del presidente de su partido en las islas. Soria felicitó cínicamente al candidato oficial y único de la rama juvenil de su partido porque gracias a sus imputaciones ya sale en las portadas de los periódicos.

El joven líder popular ha aprendido pronto de su mentor: lo emula en imputaciones y en salir en las primeras planas de los diarios por ese vil motivo. También lo imita en ese discurso victimista que consiste en acusar a los demás de montarles una cacería y desviar la atención hacia los adversarios recordando censurables filesas, roldanes y gales del pasado.

Ambos creen que esas cortinas de humo van a desviarnos del tema principal de la corrupción actual en torno a su partido. Hablan de la obscenidad de una montería, sin duda procaz e indecente, sin reparar en las suyas propias de los casos eólico, faycan, góndola o salmón. Quizá por eso apoyan sibilinamente la huelga de jueces

Obscenidad es, como hace Cristina Tavío, utilizar torticeramente la muerte de docenas de inmigrantes en la mayor tragedia ocurrida en aguas canarias, mezclándola con una cacería.

Ahora se ponen al lado de los pobres africanos cuando todos sabemos que el gobierno de Aznar quiso acabar con ellos devolviéndolos drogados a sus países. Soria hizo algo parecido cuando fue alcalde al enviar a Madrid con nocturnidad, alevosía y la complicidad del ex delegado Antonio López a los subsaharianos que pernoctaban en el parque Santa Catalina en una suerte de repatriaciones exprés. Se defienden argumentando que están implicados por simples casos familiares, domésticos, leves, veniales. Uno viajó gratis con su mujer, su hijo y sus 16 cuentas corrientes, aunque llevó miles de euros en metálico como calderilla para algún caprichito. El otro está acusado de querer cobrar indebidamente 120.000 euros por la casa de la abuela.

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