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Ofrezco mis zapatos a periodistas

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Ahora que habíamos perdido para siempre a aquel reportero polaco que con tanta pasión, riesgo y veracidad nos describió las calles de Stanleyville las horas posteriores al asesinato de Lumumba. En estos tiempos que el lector se acerca al kiosco y elige el periódico que regale la figura navideña más bonita o la mejor revista de crónica rosa. Ahora que parecía que esta profesión estaba ya reservada sólo para los que acepten que la información no es un derecho sino una mercancía que se construye en las cocinas de los gobiernos o de las grandes empresas. En estos tiempos que se prestan a que uno se acomode en el escepticismo y la melancolía, de repente aparece un periodista llamado Muntazer al Zaidi y nos hace ver la utilidad de las ruedas de prensa. George W. Bush daba una rueda de prensa en Bagdad para lavar su imagen sobre los miles de cadáveres que provocó su guerra y Muntazer levanta la mano pero en lugar de pedir permiso para hacerle una pregunta, le lanza su zapato y le grita "¡Este es tu beso de despedida, pedazo de perro!". Lanzar un zapato y llamar perro a alguien ocupan el primer puesto en la escala de ofensas de un musulmán.

En las calles de Bagdad, Najaf y Basora cientos de personas se manifestaron para pedir la libertad del reportero de la televisión Albagdadilla y tiraron sus zapatos a los coches de los militares norteamericanos que siguen ocupando el país asiático. Cientos de abogados se ofrecen voluntarios para defender al periodista. Como homenaje a Al Zaidi, desde este país ultraperiférico yo ofrezco mis zapatos. Como ya Bush tiene cientos de cholas iraquíes, yo los doy aquí en las islas a los periodistas que vayan a las ruedas de prensa de políticos imputados o de gobernantes que no paran de provocar sentencias judiciales contrarias a sus decisiones arbitrarias.

Desde este archipiélago tan Atlántico y tan insólito ofrezco mis zapatos al próximo compañero que vaya a una rueda de prensa de políticos mentirosos, de salteadores de ayuntamientos apoyados por sus partidos, de abogados que se disfrazan de diputados tras firmar contratos de exclusividad con empresas que compran a políticos con una caña de pescar, de diputados que se ponen de pie para votar a favor de la multiplicación de las camas turísticas con informes técnicos en contra y que tiran a la basura 45.000 firmas de ciudadanos que creían que todavía era posible parar la destrucción del paisaje que nos queda. Gasto mis mañanas en el estudio de radio y comienzo las noches frente al ordenador, por eso no tengo tiempo de acudir a las ruedas de prensa. Pero ofrezco mis zapatos para lanzarlos a los que usan la política para su beneficio personal, a los que privatizan las empresas públicas y despotrican de lo público y llevan décadas viviendo de los que pagamos los impuestos, a los que quieren suprimir del código penal los delitos de cohecho, soborno y tráfico de influencia para no tener que sentarse en el banquillo de los acusados?

Hay tanta gente a la que se podría lanzar mis zapatos que estoy dispuesto a perderlos para siempre, a regresar descalzo a casa como Esperanza Aguirre huyendo de los disparos de Bombay. Regalo mis zapatos a periodistas dispuestos a animar esas ruedas de prensa donde los pescadores hablan de cacería y el presidente que perdió en las urnas, en su partido, en el Parlamento y en los tribunales se atreve a hablarnos en nombre de dos millones de ciudadanos que sí sentimos una tremenda vergüenza ajena por las cosas que a él ni siquiera le sonrojan.

Juan García Luján

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