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El Pacto de Madrid alumbró el Pacto de Ajuria Enea (I)

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Y sin embargo el llamado Pacto de Madrid tuvo su interés político que quizá hoy conviene destacar por dos motivos. Porque fue hecho por todas las fuerzas políticas, sin excluir a nadie y porque se trabajó en la sede parlamentaria del Congreso. He aquí su génesis y su plasmación. Los antecedentes Habida cuenta que la reunión se celebró en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo, me tocó asistir el jueves 5 de noviembre de 1987 a una sesión que parecía iba a terminar en poco tiempo y duró de las diez y media de la mañana a las siete de la tarde. Pero como todas las cosas tienen su origen y desarrollo, vamos a explicarlas por partes. Tras la masacre de Hipercor, en junio de 1987, algo importante se produjo en muchos sitios. La magnitud de la tragedia y su barbaridad generó problemas internos en HB (Montero y Azurmendi, las cárceles y la propia HB). Inmediatamente, AP presentó una iniciativa en el Congreso con el fin de abordar parlamentariamente el asunto y hacer una endurecida declaración de principios. Para ello se convocó a la Diputación Permanente. Afortunadamente aquello no prosperó. Nosotros dijimos que al terrorismo no se le combatía poniéndole altavoces parlamentarios. A raíz de aquello, Nicolás Sartorius, de IU, nos pidió el Informe de los Expertos contra la Violencia del gobierno vasco, y el PSOE mandó con sus votos la propuesta de AP al pincho de las cosas pasadas. Era el mes de julio de 1987. Sin embargo, a la semana salió Benegas hablando de los 14 folios de un plan contra el terrorismo. Mientras, el gobernador Goñi Tirapu decía inconveniencias contra los jueces, Barrionuevo se enfrentaba al poder judicial, y el delegado Elgorriaga aclaraba que ''adecuación'' no era repliegue y que la Guardia Civil no se iría de Euskadi. Aquello era inadmisible y nosotros denunciamos el hecho con contundencia. ¿De modo que rechazaban una propuesta en el Congreso y luego salían con unos folios? De eso nada. Anunciamos que no participaríamos en aquello que no hubiera sido elaborado conjuntamente. El verano Como ocurría todos los años en el verano hubo los clásicos enfrentamientos y atentados. Se repetía la guerra de las banderas y los gobernadores metían la pata con sus comentarios y acciones que crispaban considerablemente el ambiente. Al final de agosto y tras la entrevista de Felipe González en Las Landas con Mitterrand, el portavoz Javier Solana dijo: ''Ha habido, hay y habrá conversaciones con ETA''. Y alrededor de eso anduvimos todos. Por primera vez se reconocía el hecho. Los 14 folios de Benegas, mientras, estaban en el congelador. Así las cosas se produjo en Anglet la detención de Santiago Arrospide, Santi Potros. Aquello era un salto cualitativo por parte de Francia, produciendo esta detención la caída de varios comandos, zulos, arsenales y lugares de secuestro. Paralelamente, la policía francesa expulsaba refugiados a Madrid y cometía en muchos casos verdaderas tropelías, denunciadas hasta por el obispo de Bayona, monseñor Moleres. Llegado septiembre, el PNV celebraba como todos los años su Alderdi Eguna. Con éxito. Dos días antes, el lehendakari Ardanza había comparecido en el Parlamento vasco para protagonizar el debate anual sobre política general. Tras su intervención y la de los portavoces parlamentarios asumió el compromiso de iniciar una ronda de conversaciones sobre la violencia. Aquellas dos semanas fueron importantes. Se pisaba fuerte Pero seguía el debate sobre la famosa adecuación o repliegue hasta que el Parlamento vasco, por acuerdo unánime, el mes de octubre dijo que adecuación significaba repliegue. Y eso lo votó desde AP (Guimón tuvo problemas por ello) hasta el PSOE. Aparentemente, la polémica estaba cerrada. El director de la Guardia Civil, Luís Roldan, así como Martín Palacín, Rodríguez Colorado y demás prebostes de Interior dijeron que sí, que eso era lo correcto. Las rondas de Felipe Todo esto tenía un telón de fondo. Felipe González y sus enfrentamientos con la UGT. La Moncloa necesitaba oxígeno y un buen día apareció la noticia de que el presidente recibiría a Adolfo Suárez. ¿Motivo? Hablar de la violencia y el terrorismo. Esa era la excusa, pero a Felipe le vino bien. Y no le quedó más remedio, descubierta la reunión, que recibir a Hernández Mancha, Miquel Roca y Xabier Arzalluz. El presidente del EBB no hablaba con Felipe González desde 1981. Seis años. En aquella lejana ocasión González se había comprometido a comentarle los acuerdos con UCD sobre la armonización autonómica. No lo hizo y al poco llegó la LOAPA. Seis años después, volvían a hablar. La entrevista con Arzalluz fue con comida. Y larga. Lógicamente se habló de violencia y terrorismo. Luego siguieron las entrevistas con Gerardo Iglesias, Rupérez y Segurado. González no deseaba recibir a Garaikoetxea, mucho menos después de unas descalificantes declaraciones en El Correo. Pero lo hizo. A petición del lehendakari Ardanza. De modo que Garaikoetxea no fue a Ajuria Enea cuando el lehendakari Ardanza le llamó a su partido, EA, pero sí fue a La Moncloa. He aquí un dato curioso e importante, y a tener en cuenta, para estudiar la reiterada política de gestos que llevó EA en su frontal enfrentamiento con el PNV. Tenía que decir que eran dos proyectos distintos. Era la época de la ruptura. Las rondas del lehendakari Ardanza Si las rondas de Felipe González se habían iniciado por carambola y en un momento de éxitos policiales, las rondas del lehendakari Ardanza eran por indicación del Parlamento vasco. Por Ajuria Enea pasaron los partidos vascos. Hasta HB. No así Garaikoetxea, que al parecer sólo se reservaba para La Moncloa. En nombre de EA acudieron Juan Porres e Ignacio Oliveri. Era curiosa la valoración despectiva que le producía la Presidencia del Gobierno vasco a quien ocupó este puesto. Terminada la primera ronda de conversaciones, el lehendakari Ardanza procesaba todas las informaciones, mientras EE le urgía a hacerlas públicas. Nos encontramos, pues, que estábamos ante dos rondas que creaban cierta confusión. La de Felipe González, imagen y comentarios, y la del lehendakari, buscando un acuerdo. Es de señalar que la entrevista con el PSE-PSOE se atrasó más de la cuenta. Benegas había tenido su famoso lío con Pablo Castellano y Abel Matutes y había surgido el golpe bajo de las filtraciones sobre la Ertzaintza. No era pues el clima más adecuado para sacarse una foto sonriendo y hablando de colaboraciones. También hay que decir que cuando Xabier Arzalluz viajó a Madrid a entrevistarse con González se entrevistó antes con Suárez, Roca, Benegas y Múgica. Y de ahí surgió la posibilidad de un acuerdo consensuado que engarzase con las conversaciones que adelantaba el lehendakari y le diese el espaldarazo del compromiso político de los partidos de ámbito estatal. La semana siguiente, como hemos dicho, el acuerdo no pudo firmarse, ya que la tormenta por lo de la Ertzaintza arreciaba, y se pensó que no estaban dadas las condiciones para aparecer todos juntos. Por fin el lunes 2 de noviembre se celebró en Ajuria Enea una larga reunión donde además de pasarse revista a la situación del país, estudiar las formas de encauzar las discrepancias, analizar la figura del portavoz del gobierno y exponer crudamente el problema del cupo, se habló de la reunión de Madrid para firmar un acuerdo de cuatro puntos que acabara con la ronda de conversaciones madrileña y dejara el ambiente despejado para las que trabajaba el lehendakari. Arzalluz y Ardanza pidieron a Benegas que se entrevistara con EA. Como la reunión iba a ser en el Congreso me encargaron que asistiese a la misma. La verdad es que fui como quien va al dentista. Los puntos, sin preámbulos, eran los aparecidos en la prensa y EA, que también había sido llamada por indicación del PNV, daba el portazo el martes 3 de noviembre. No acudiría. Ese día Azkarraga había visitado a Benegas, habiendo cerrado cualquier posibilidad de que acudieran. Por más que hizo EE para que EA fuera, Azkarraga ya había prejuzgado el sentido de la reunión y en onda crítica había dicho que no se les había perdido nada. Es entonces cuando surge lo de la prioridad del acuerdo en Euzkadi. Y la palabra prioridad los apresa. Y no salían de ella. Lograron una cosa. Que de ser un partido que no tenía representación parlamentaria en Madrid, TVE y las radios no hablaran durante todo el día más que de la ausencia de EA. Como si EA fuera el sello de garantía de lo abertzale. Aquello no era bueno. La jornada del jueves 5 de noviembre No iba yo muy tranquilo a aquella reunión. A Benegas lo que le interesaba era la foto, la firma y el poder decir que había habido un acuerdo muy sólido contra el terrorismo. Si lograba que Felipe González estuviera en esa foto final y se repitiera lo de los Pactos de La Moncloa, el hombre ya pasaría a la historia. Total, que cogí el avión de las ocho. A las diez estaba en nuestro despacho del grupo parlamentario. Me había costado lo mío llegar a tiempo. Una manifestación de camioneros cercaba la Puerta de Alcalá. Y entre tomates por el suelo y caras airadas, pude llegar. Con Bandrés La víspera, el miércoles, contacté con el lehendakari Ardanza para establecer la estrategia a seguir, en conjunción asimismo con el presidente del EBB. Ese jueves y previa a la reunión, en nuestra oficina, intercambiamos puntos de vista con Juan Mari Bandrés. Llevaba una redacción al quinto punto que consideramos era la adecuada. Tengo que reconocer que Bandrés tuvo un papel de singular importancia al tratar de llegar a un acuerdo y plantear las cosas con corrección, habilidad y posibilismo. A cada quién su mérito. En el Congreso La reunión fue en el Congreso de los Diputados. Benegas quiso hacerla en la sede del PSOE. Xabier Arzalluz le dijo que no, que la hiciera en el Congreso. Y por eso fue allí. Además le daba al hecho un carácter institucional e introducía el posible acuerdo en un rango superior. Por eso se habló de acuerdo parlamentario y que en él estaban todas las fuerzas salvo EA. Esto no es del todo exacto. La única fuerza ausente fue HB, que no iba. EA no existía como tal en el Congreso. Azkarraga y Oliveri salieron elegidos por el PNV. En 1987 estaban en el Grupo Mixto, de forma personal, no como EA. Por otra parte, partidos como el PAR, los canarios y los valencianos se habían adherido al acuerdo. Es decir, todas las fuerzas parlamentarias del Congreso de los Diputados firmaron el acuerdo, salvo HB. Y de esas fuerzas el PNV, EE. PSE-PSOE, CDS y AP tenían presencia en el Parlamento vasco. Decir como se dijo que el tal acuerdo no tenía validez, era pensar que la Democracia era sólo lo que quisieran HB y EA que en aquel momento eran muy beligerantes contra cualquier pacto. Total que llegamos al Congreso. Muchas cámaras de televisión, radio y prensa. La cosa se complicaba. O había acuerdo o el lío que se iba a montar iba a ser antológico. Y yo llevaba mi chuleta, que es lo que habían dicho todos los periódicos. Es decir, los cuatro puntos: ''Refrendo a la resolución aprobada por el Parlamento vasco en 1985 -Derogación de la Ley Antiterrorista - Apoyo a la creación de un espacio judicial europeo -Reconocimiento a los acuerdos a que puedan llegar las fuerzas políticas de Euzkadi''. Había otro punto que se había incluido y que al parecer consistía en que el gobierno consultaría con los partidos políticos los asuntos relacionados con la violencia. Era importante, pues hasta el momento el PSOE no quenría que nada de esto pasara por el Parlamento. Y venga fotos. La manía de la foto. Ponte aquí, ponte allá. Yo, la verdad, me encontraba como se dice en esa expresión: cucaracha en baile de gallinas. Benegas en la cabecera. Arturo García Tizón, secretario general de AP y presidente del grupo (que llegó una hora mas tarde porque vivía en Toledo), Antonio Jiménez Blanco, portavoz del grupo Liberal. Iñigo Cavero, del PDP; Juan Mari Bandrés, presidente y portavoz de EE; José María Trías de Bes, secretario de la Mesa, de CiU; el PNV, Enrique Curiel por el PC, que acudió acompañado de Felipe Robledo, del PC de Euzkadi, y otro señor de barbas que nadie presentó pero que parecía el ideólogo; y José Ramón Caso, secretario general del CDS. En la mesa, una carpeta verde puesta por la secretaria de Benegas. Su contenido no me gustó.

Iñaki Anasagasti

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