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Los "Paisajes Soñados" de la artista Olga Artiles

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Con este sugerente título de Paisajes Soñados, la artista del tejido, el volumen y el cromatismo, cuelga sus lindos tapices de concepción vanguardista, en la sala de Arte e Interpretación del Paisaje, en Moya. La creadora del arte del tapiz, ha inaugurado recientemente su esplendorosa muestra de telares, confeccionados manualmente con múltiples hilos de fibras naturales, lanas, algodones, sedas, lino, yute, etc., y complementados eclécticamente con otros elementos plásticos, que la artista cree idóneos para conjugar la componente estética en cada tapiz, que enriquecen sus obras y aportan unas variedades antiortodoxas al lenguaje de los relieves tejidos: maderas, plásticos, etc. y policromados éstos, en base a la armonía prefijada.

Paisajes Soñados es un compendio de una triada temática, sintetizada en las siguientes versiones: prados, mar y tierra. Tres elementos básicos de la naturaleza que constituyen parte del paisaje, tamizados por la retina y el espectro de las emociones intrínsecas del peculiar Parnaso de Olga Artiles, vislumbradas internamente bajo sus sensitivas contemplaciones e interpretaciones cargadas de conceptuales poemas, que manan de las emociones creativas de esta ocasional rapsoda del tapiz. El arte de la plástica es también poesía, pero en esta ocasión, lo ejecuta Artiles con las materias volumétricas de los hilos y los matices cromáticos derivados de éstos. 'Ut pictura poesis', manifestado por Horacio, que los grecorromanos la identificaron con similitud en las artes. Estas 'pinturas o poemas volumétricos', manufacturadas con atemperada paciencia para encontrar la inspiración innovadora en los tapices, como aportación sui géneris en sus obras de tapices, apretujando y agrupando los hilos en una unidad general, en la soledad del taller y el silencio y la paz interior que se requieren para el alumbramiento creativo, juntando los hilos uno a uno, en su telar alto liso y vertical.

Cada tema paisajístico oteado por la artista, bajo el influjo inexorable de su fruición ante las piezas que factura, tiene un tratamiento artístico en base a las sensaciones recibidas en el ánima de la artista, en el instante de concebirlo y durante su proceso. Su paroxismo se extrema, mediante la fina sensibilidad que está sumergida en su interior y brota de sus adentros durante la elaboración reflexiva, particularmente perceptivos y personalmente propio. Ésta emerge, para quedar manifiesta en cada uno de los temas propuestos por la artista del tapiz. Las imágenes reales, que son la base del plectro en los paisajes apreciados en su entorno, que han sido de su especial predilección para ser versionados subjetivamente, se transforman en figuras sinestésicas o impresiones conceptualizadas en su entelequia con el compromiso del arte.

Los paisajes son su quintaesencia, y en ellos, se encuentran las motivaciones estéticas que inducen a Olga Artiles a transformarlos en metáforas, durante la vesania o demencia transitoria que sufren los artistas, cuando están absortos en el proceso de creación, anulándoles la razón como seres pensantes racionalmente, para convertirse en 'objetos sensibles' ?que no sujetos?, de sus propias fuerzas internas, en un momento de extremada entrega a su sensibilidad, que maniqueados por los creadores, son energías que proceden, quizás, ¿de los espacios etéreos? Se convierten como tales dioses-creadores, por unos instantes. También la artista Olga Artiles, está subyugada por ese momentáneo endiosamiento, cuan genio de otra mater natura que ella misma ha generado. La artista rompe el paisaje real, el palpable, el que respiramos, sentimos y nos cobija; el mismo que le otorga el ingenio con ese don de sentir ante su magnitud estética, el cual cada día contemplamos y gozamos con todos nuestros internos sensibles y órganos sensitivos (lástima que cada día la maltratemos inmisericorde, con la mayor ignominia, en este Edén, llamado Tierra, que día tras día perdemos, por la acción de tantos desalmados depredadores). La artista, con la estética y buen hacer de su arte denuncia la irracionalidad cometida. Arranca la naturaleza a su modo y gustos artísticos unipersonales. Rupturas sensiblemente paridas, inhaladas por su musa encontrada (cuando está en el trance elaborativo), y que la artista no sabe los porqués de esas transformaciones surgidas en esos momentos (ningún artista de la creación lo sabe responder). Solo espera resultados que le puedan satisfacer, habiéndose topado con su particular Eureka; o disgustar, en gran parte, o en el todo. Esa es la grandeza del arte: una lucha continuada contra los elementos, para encontrar su belleza y mensaje que pretende ofrecer.

La técnica aplicada a los tapices concebidos por Olga Artiles, está fraguada por la consolidación del tiempo, del añejo espacio del oficio continuado. Esta labor paciente del tejer y retejer cada uno de los hilos en la trama y urdimbre, es una tarea de ardua dilación, hasta encontrar el ansiado final de esa transición de hilo tras hilo, en la concepción del volumen y su propuesta. En este trabajo en prolongado proceso experimental, la artista es poseedora de un abecedario de sabiduría, originado por la formación y el oficio tradicional del tapiz, y enriquecido, por su propia indagación por la innovación en sus piezas. Cada obra es un ejercicio de búsquedas, dudas, escudriños, encuentros, disgustos, y también de enormes alegrías, cuando son acertados los hallazgos, por mor del pensamiento creador de aportar nuevas técnicas y lenguajes al arte del tapiz. De ahí el sincretismo con el que añade a sus obras otros elementos que contextualizan en la diversidad de cada pieza. Varios elementos corpóreos son también añadidos al cómputo de las creaciones en sus tapices, que se conjugan con los telares en su unidad estilística, en un afán ecléctico por complementarlas con nuevos aportes estéticos. Las obras las ha reconvertido en absolutos relieves volumétricos de la más atrevida vanguardia.

El cromatismo añadido a cada uno de los hilos y a todo el conjunto de los tejidos, son el resultado de unas delicadas armonías por encontrar una unidad de color en el todo, en la puridad de sus obras. La contemplación de estas bellezas en los tapices proporcionan al espíritu un ingente placer, un sosiego emocional, como manifestaron los filósofos pitagóricos. O están, como escribió Paul Klee, bajo las "Leyes de la armonía inicial". Estos cromos tintados en sus hilos, son la metáfora anímica del paisaje de los que han sido extraídos, que son un paseo irreal por la Arcadia, por sus rimas, ritmos y métrica del color. Cromos que están bajo la égida emocional de la artista en su paleta hilada, tienen tal atractivo que, la naturaleza viva, real, quisiera para sí. De ahí el célebre pensamiento: 'La naturaleza imita al arte'. En estas beldades cromáticas, también se nota la intransigente sensibilidad de la creadora, que no se contenta con lo que hay en hilos o tejidos coloreados, para poner alquimia en estado latente y teñir con sus pócimas privativas los hilos, con los colores antojados y propicios integralmente al conjunto que pretende en la obra de arte. Por ello, la artista, asevera: "Pinto con hilos".

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