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De Paisley a Rajoy

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Las comparaciones de acontecimientos históricos contienen dificultades para una comprensión cabal. Comparar Vietnam con Irak. O Irlanda del Norte con Euskadi. Siempre serán fenómenos distintos, aunque contengan elementos casi idénticos. Equiparar algunos aspectos parciales confundirá como se pretenda ampliar al conjunto el análisis de una parte y sus conclusiones. Por ejemplo, parece legítimo decir que Irak y Vietnam mantienen el final compartido de una derrota para la política exterior estadounidense. De ahí no vale sacar la conclusión general de que la resistencia iraquí y la vietnamita son iguales, que el resultado de la lucha resulta idéntico, que los intereses en juego coinciden en los dos casos o que las repercusiones internacionales coinciden. Por otro lado, fenómenos imposibles de considerar siquiera parecidos de conjunto albergan a veces aspectos parciales comunes. La única generalización válida en este caso consiste en reducir la semejanza al elemento comparado. Y a nada más. Porque aquí se trata de confrontar las actitudes de Paisley y Rajoy en el tema del terrorismo. El primero sostuvo durante decenios un dogma. Era inaceptable tratar en cualquier circunstancia con los terroristas o sus representantes políticos, es decir con el IRA o el Sinn Fein, aglutinando bajo esa intransigencia un amplio espacio electoral. Paisley saboteó enérgicamente cualquier intento de negociación, objetivo que logró muchas veces. Rajoy y sus mariachis repiten ahora el mismo principio inamovible del reverendo Paisley, sabotean cualquier intento de negociación con ETA o sus aparentes representantes políticos y cosechan votos en las filas de la extrema derecha. La diferencia entre Paisley y Rajoy se reduce a que el primero está obligado por las circunstancias a tratar con el enemigo y Rajoy todavía puede darse el gusto político de derrochar demagogia. Todavía. Mandela (Sudáfrica), Ho Chi Min (Vietnam), Ben Bella (Argelia), Arafat (Palestina), Tirofijo (Colombia) y Gerry Adams (Irlanda del Norte) fueron durante años definidos como terroristas, pero sus adversarios negociaron con ellos. Algunos obtuvieron después reconocimiento como paladines de la libertad. Ben Bella llegó a la presidencia. Hanoi y Washington hablaron sobre la paz en Vietnam. Arafat obtuvo una recepción histórica en la ONU. Mandela está situado entre los héroes de nuestro tiempo. El caso colombiano presenta una guerrilla estigmatizada, lo que no impidió al presidente Pastrana y a Tirofijo reunirse para discutir sobre la paz. Estados Unidos negocia hoy bajo cuerda con representantes de la insurgencia iraquí y otros paladines del mal. Negarse a utilizar la carta de la negociación en el curso de la lucha política constituye una insensatez, un embuste o las dos cosas al mismo tiempo. Paisley debió rendirse ante las evidencias, emprendiendo hoy una actividad a la que apenas ayer ofreció la espalda con firmeza y abundantes dosis de moralina. “Nunca, nunca, nunca”, alardeaba en los mítines el reverendo. Ahora pasó por el aro, con cara de disculparse ante los electores unionistas, sentándose a la mesa con el diablo terrorista Gerry Adams. Rajoy y/o su partido tendrán que digerir la realidad de nuestro país antes o después. Lo más saludable, en todo caso, será que los ciudadanos presenten factura política a gente tan irresponsable. Lo antes posible y hasta en las encuestas.

Rafael Morales

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