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Las Palmas-Copenhagen

Raúl García Brink / Raúl García Brink

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Tanto Canarias como España han sido partícipes en las emisiones de gases de efecto invernadero sin que hasta el momento se hayan visualizado medidas efectivas para reducir o mitigar los efectos del cambio climático más allá de los discursos vacíos sobre el desarrollo sostenible. Llevamos prácticamente un década escuchando que vivimos en un planeta frágil y con recursos limitados o que nuestro bienestar no debe hipotecar el de las futuras generaciones, mientras se construía un número desproporcionado de viviendas o no se hacia nada por sacar al archipiélago del furgón de cola en lo que a energías renovables se refiere.

Resulta paradójico comprobar cómo existe un acuerdo “teórico” generalizado acerca de lo que se debe hacer para superar la encrucijada ambiental en la que nos encontramos: desde el cambio de modelo productivo del cemento y el ladrillo hacia uno con un mayor valor añadido pasando por políticas de ahorro y eficiencia energética y de residuo cero. A pesar de ello, la realidad nos muestra cotidianamente la falta de voluntad política para llevar a cabo una trasformación que indudablemente tendrá sus costes, pero que también supone un nuevo yacimiento de actividad empresarial y de empleo. En otras palabras: una parte importante de la ciudadanía está concienciada y existen nuevas tecnologías que permiten un desarrollo más sostenible, pero falta la voluntad política de unos líderes hipotecados por el corto plazo de las elecciones e incapaces de tener la audacia y la visión de futuro necesarios en este escenario post-Kyoto.

La Cumbre de Copenhagen va a dejar bien claro el protagonismo de los gobiernos locales en la lucha contra el calentamiento global, entre otras cosas porque 2/3 de las emisiones de gases de efecto invernadero tienen su origen en las ciudades y porque para el 2030 se prevé que el 75% de la población mundial viva en ellas. Esto quiere decir que las ciudades son una parte importante del problema del calentamiento global, pero también es cierto que son una parte fundamental en la búsqueda y puesta en práctica de soluciones.

En este sentido, la actual corporación municipal ni se ha enterado de la Cumbre ni seguramente de lo que se juega en ella. Las políticas de sostenibilidad no consisten en nombrar a un concejal de Desarrollo Sostenible o crear una Agencia Local de la Energía. Las políticas de sostenibilidad son mucho más que acciones aisladas como cambiar las luminarias de los semáforos o utilizar un árbol de navidad alimentado por energías limpias: el desarrollo sostenible sólo se alcanza si se lleva a la práctica como un eje transversal que afecte a todas las concejalías.

La celebración de la Cumbre de Copenhagen representa una buena ocasión para recordarle a nuestro gobierno municipal que se encuentra en pleno siglo XXI y que debe ponerse a trabajar en esa dirección. Para ello es necesario el impulso político, la aplicación tecnológica innovadora y el cambio cultural de la ciudadanía que en muchas ciudades ya es una realidad con resultados positivos desde el punto de vista medioambiental, económico y social.

*Miembro de Ejecutiva Local de Nueva Canarias en Las Palmas de Gran Canaria

Raúl García Brink*

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