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Pedro Sánchez: ¿héroe o villano?

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A diferencia de José Borrell que ganó las primarias en abril de 1998 para la candidatura a la presidencia del gobierno, en contra del aparato del Partido que apostaba por Joaquín Almunia, Pedro Sánchez si tuvo el beneplácito y apoyo de los jerarcas “socialistas”.

Como había ocurrido con Zapatero, era un perfecto desconocido cuando llegó a la secretaría general del PSOE. Al principio creó muchas expectativas, que se vieron correspondidas con algunas medidas adoptadas, siendo una de las más importantes e impactantes la expulsión sin contemplaciones del Partido, de militantes involucrados en las tarjetas “black” de Caja Madrid, entre otros el exministro Virgilio Zapatero. Acompañó a ésta medida la aprobación y puesta en marcha del código ético, por el que se rige las conductas (posibles desviaciones), de los cargos orgánicos e institucionales.

Su corto periodo de tiempo como secretario general, se le empezó a complicar al presentarse como candidato a la presidencia del gobierno y ser desde entonces, culpabilizado de los malos resultados electorales obtenidos por el PSOE, tanto en las elecciones generales de diciembre de 2015 y junio de 2016, como también de las vascas y gallegas de septiembre de 2016. Interesadamente quienes le culpan y reprochan de esos declives electorales, no analizan y menos aún se autocritican o responsabilizan de la aparición de Podemos, que se nutre en gran medida de los votos del PSOE.

Por supuesto que Pedro Sánchez ha tenido mucha responsabilidad en la grave crisis que viene padeciendo el PSOE, como consecuencia de su incoherencia y falta de criterios al menos razonables, para abordar su investidura y la de Rajoy. El domingo 30 del pasado mes de septiembre en el programa Salvados de Jordi Évole pudimos comprobarlo, cuando manifestó que con arreglo a Podemos se había equivocado y consideraba que es necesario un acercamiento a ésta organización política y en lo que respecta a Cataluña, contradiciéndose con declaraciones anteriores dijo que es una nación.

Aunque de forma burda y miserable fue obligado a dimitir como secretario general en el bochornoso comité federal del pasado 1 de octubre, pero hay que reconocer que por su inconsistencia, se lo puso muy fácil a sus detractores, convocando extrañamente el referido comité federal con el propósito de hacer urgentemente un innecesario congreso extraordinario.

No terminó de consolidar su liderazgo y abrió varios frentes opositores, siendo uno de los mas graves, la defenestración de Tomás Gómez como candidato que había sido elegido en primarias a la presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid. Para lograrlo se apoyó en una campaña detractora que como a él, hizo el periódico el País contra el candidato socialista, ya que existía la posibilidad de que se configurara en esa comunidad un gobierno PSOE-Podemos. Tampoco supo rodearse de personas de autentica confianza, como fue el caso del falso y traidor Antonio Hernando.  

Todo se complicó con su dimisión, la configuración de la marioneta comisión gestora (puesta por la gran baronesa Susana Díaz y sus acólitos) y el posterior acuerdo emanado de ésta para que el Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados se abstuviera en la segunda sesión para la investidura de Rajoy, en contra del sentir de la gran mayoría de afiliadas y afiliados socialistas e igualmente de los votantes del PSOE.

Su dimisión tanto de la secretaría general como de diputado, le ha granjeado muchas simpatías entre la militancia, pero no así con el poder factico del PSOE, encabezado por Felipe González y su ahijada política la gran baronesa Susana Díaz. En medio, sin considerarle héroe o villano, estamos el 21.03% de la militancia socialista que cuando se produjo la consulta, votamos en contra del pacto suscrito con Ciudadanos, teniendo en cuenta que nuestro aliado natural debería ser Podemos. Igualmente muchos socialistas, siempre hemos considerado que España es una nación de naciones, siendo los ejemplos más evidentes: Cataluña y el País Vasco.

Estuvo muy bien las denuncias que en el mencionado programa televisivo hizo Pedro Sánchez, con relación a las presiones que le estuvieron ejerciendo los medios de comunicación sobre todo El País,  grandes empresas como Telefónica y entidades financieras, poderes todos en los que Felipe González se mueve "como pez en el agua" y fundamentalmente con el Grupo Prisa a través de su buen amigo Juan Luís Cebrián. Pero estas denuncias las  realizó demasiado tarde, aparte de que contradecía otras anteriores del mes de mayo en las que manifestaba no sentirse en ese sentido presionado.

Pedro Sánchez ha sido muy volátil y con su incoherencia, falta de rigor e inconsistencia, ha tratado de contentar a todos, pero eso era prácticamente imposible y más con quienes apostaron por él y le pusieron al frente del PSOE, claro está como pretendían, sin darle un “cheque en blanco” ni posibilidad de maniobra al margen de sus decisiones. Como se ha venido demostrando, salvo en algunas matizaciones, los pasos y ritmos en el Partido Socialista desde el Congreso de 1974 en Suresnes, los ha venido (y continua) marcando Felipe González, de ahí la defenestración de Pedro Sánchez por intentar no someterse a sus designios.

Las equivocaciones de Pedro Sánchez han sido más que evidentes, pero lo malo seria que el PSOE pase a manos de la conspiradora y nefasta Susana Díaz, apéndice de Felipe González. Entonces si que el Partido Socialista terminará destrozado y en la irrelevancia como le ocurrió al PASOK griego, aunque para los responsables de que eso ocurra, siempre les quedará las “puertas giratorias”.

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