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Peligroso PP

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Sin embargo, nueva engañifa, la receta jamás se tradujo en una propuesta alternativa, que es lo que se espera de la oposición. Se vio claro el farol, que tampoco sabían qué hacer y se dedicaron entonces, los peperos, a atacar en tromba cualquier medida del Gobierno, fuera o no adecuada. Les daba igual lo que conviniera al ciudadanaje porque el objetivo era tumbar a Zapatero no ofrecerle al país una salida frente a los "disparates" de Zapatero. La mala fe de Rajoy la puso de manifiesto su empeño en ridiculizar las iniciativas gubernamentales ocultando que, en muchos casos, venían impuestas o recomendadas en el marco de la UE y habían sido adoptadas en otros sitios que disfrutan de una oposición civilizada.

Entre las manipulaciones flagrantes figura la forma de presentar la mejoría de varios países europeos, los que comienzan a remontar la recesión. Subraya Rajoy que España no acaba de arrancar y culpa, cómo no, a Zapatero. Como si no supiéramos que la política ultraliberal practicada por el PP promovió la especulación y el ladrillo (recuérdese la ley del Suelo de Aznar) con descuido de las actividades económicas en las que se asienta la incipiente recuperación de otros países. La economía española no resultó ser un gigante sano y fuerte sino un enano gordo, fofo y con pies de barro que se revuelca en la corrupción y eso es lo que estamos pagando. Aunque no sea justo cargar sobre la etapa Aznar ya que antes un ministro psocialista de Felipe, Carlos Solchaga, iba diciendo por las esquinas que España era el país ideal para hacer mucho dinero en poco tiempo. El PP lo cogió por la palabra promovió la especulación, que suele acompañarse de todo tipo de pelotazos y corruptelas.

Poco me he ocupado de estos asuntos nacionales porque eran los comportamientos que cabía esperar de la derechona pepera, a la que diferencio de la derecha democrática, que en algún lado estará. Y porque ya tenemos aquí de sobra con la cruz de Soria. Pero, qué quieren, indigna la actitud del PP en el caso del Alakrana y la historia que se trae con el sistema Sitel de escuchas como asuntos más recientes. Algo hay que decir.

Respecto al atunero, afirman Rajoy y su bancada que el Gobierno gestionó mal la situación, sin contarnos, como siempre, cuáles han sido sus errores. Visto desde fuera, es evidente que tuvo un final feliz y que el mes que se tardó en liberar a los pescadores españoles contrasta con el hecho de que permanezcan secuestrados barcos de otras nacionalidades, apresados antes del "Alakrana". Si al PP no le ha contrariado el buen desenlace bien que parece haberlo deseado.

A la espera de que el PP explique qué se hizo mal, destaco la irresponsabilidad de utilizar el atunero para sus fines. Durante el secuestro, procurando dificultar las gestiones del Gobierno a costa de aumentar la angustia de las familias y sin importarle demasiado lo que pudiera ocurrir; tras la liberación, se le ve despechado y exigiéndole comparecencias parlamentarias, a sabiendas de que no puede revelar detalles indicativos de su forma de actuar, de los contactos de que dispone para presionar y negociar y todas esas cosas con las que es preciso ser cautos para no descubrir las cartas y darle pistas a secuestradores futuros. De hecho, la actitud del PP durante todos los días del secuestro, junto a su tratamiento mediático, fue buena fuente de información para los piratas.

Con el sistema de escuchas Sitel llegó la derechona a extremos de un cinismo insoportable. Para empezar, lo adquirió Aznar por 13 millones de euros y ahora afirma Rajoy que es anticonstitucional. ¿Por qué no antes y sí ahora? Critica, en fin, que sea utilizado por la Policía cuando los jueces la autorizan pinchar teléfonos. Y asegura que se está utilizando para perseguir peperos una vez más sin aportar pruebas y con el único objeto de armar bulla y relativizar el caso Gürtel, que es lo que le duele.

Los argumentos del PP contra el Sitel, devenido ahora ilegal, han permitido al presunto jefe de la mafia rusa en España, Gennadiy Vasilievich Petrov, solicitar la nulidad de las actuaciones contra él por el empleo del sistema en la obtención de pruebas. El PP se coloca así en la línea de argumentación de Petrov y de los narcotraficantes que alegaron lo mismo. El Tribunal Supremo avaló por último el Sitel, pero ¿se imaginan lo que hubiera ocurrido de no ser así? Es obvio que el PP juega con fuego y que con tal de lograr la impunidad de sus imputados está dispuesto a pagar el precio de la invalidación de centenares o miles de causas abiertas en las que se hayan obtenido pruebas utilizando el Sitel, lo que pondría en la calle a un número indeterminado de delincuentes. Una grave irresponsabilidad de unos dirigentes que aspiran a gobernar.

La pinten como la pinten, la ambición política de Rajoy, su ansiedad por llegar a La Moncloa, no se para ante nada. En algún momento pensé que el relevo de Acebes y Zaplana y la aparición de Cospedal y Sáinz de Santamaría curaría al PP de su peligroso enloquecimiento, pero está visto que burro viejo no aprende idiomas.

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