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Periodismo y sociedad

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La pregunta entonces sería ¿cómo tener una colectividad menos estúpida? Podríamos pensar que con un mejor modelo educativo, podríamos añadir que con unos medios de comunicación más maduros e ilustrados, podríamos finalizar diciendo que entre nosotros la gente debería tener un ocio más activo con un mayor consumo de bienes culturales: lectura, arte, teatro, cine de calidad. Pero esto es complejo. Aunque si existieran unos códigos morales en los medios audiovisuales y en los medios escritos, las cosas irían por mejor camino.

Además, en lugares como nuestras islas -donde buena parte de la clase política es endogámica, se retroalimenta y se sucede a sí misma- el analista independiente puede caer en el punto de mira de quienes dirigen, acostumbrados a sembrar clientelismos por todas partes, molestos con las voces que no alaban sino que opinan. Estamos en la época de lo efímero, los acontecimientos son veloces, hay multiplicidad de mensajes, todo es rápido y a la vez nada cambia en la estructura profunda. De tal modo, los buenos negocios son casi siempre para los mismos. Lo dice un palmero que ha ejercido por más de 40 años diversos cometidos en medios de comunicación de las islas y Madrid. Curioso que pese a su pequeñez y escasa población la isla natal atestigua históricamente el dominio del caciquismo pero dispuso como contrapeso una tradición liberal-republicana e ilustrada. Tras el nacimiento de El Time, en 1863, y hasta la guerra civil, se erige en la isla canaria con mayor densidad periodística. Sus 123 cabeceras fueron liberales, conservadoras, satíricas, literarias, anarquistas, clericales, obreras. Casi 20 de estas publicaciones tuvieron directores ligados a la masonería, tal como señalábamos en El Time y la prensa canaria en el siglo XIX. Masonería y liberalismo en La Palma, reeditado por Idea. Este aluvión en una isla que en 1863 contaba con 30.000 habitantes y un 85% de analfabetismo se explica porque los periódicos actuaron al servicio de los grupos dominantes, responden a las luchas políticas y también a los movimientos ciudadanos.

Amos Oz, escritor de Israel, con frecuencia pone nerviosas a las autoridades de su país ya que habitualmente en sus artículos de prensa pide que cese el actual estado de cosas, que los palestinos tengan Estado propio y sean respetados, que se supriman los nuevos asentamientos en los territorios ocupados, que se llegue a soluciones integradoras y pacíficas para que la región pueda vivir algún día en paz. El poder político debiera darse cuenta que la labor del informador, del escritor, del intelectual es analizar, contradecir incluso, en definitiva: navegar contra corriente. En Canarias hay un pleito insular indefendible, un territorio pequeño y fragmentado en el cual la mayoría de la clase política es hipersensible, se molesta con el periodismo crítico. No quiere aguafiestas, prefiere cortesanos.

La palabra crítica viene del griego y significa capaz de discernir, se refiere a la reacción o el juicio personal ante un tema. También es crítica juzgar las cualidades de las cosas. La crítica positiva o constructiva es la que en vez de insistir en los errores del pasado procura orientarse hacia el futuro facilitando ideas, sugiriendo opciones.

En la globalización hay multiplicidad de fuentes y una consiguiente fragmentación de las audiencias, el exceso de información genera desinformación. Muchas publicaciones, muchas radios, muchas televisiones. Y el aluvión de internet que deberíamos recibir con reserva, pues sale barato manipular en la red.

Tantas cosas han cambiado en los medios que no recordamos el prestigio del que gozábamos hasta hace 15 o 20 años y que ojalá recuperemos.

Luis León Barreto

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