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A la urna con Podemos

Lo importante no es estar en un momento histórico, que lo estamos, sino ser partícipe de él.

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El próximo domingo nos espera una urna. ¿Qué cabe dentro de esa cajita de unos pocos centímetros cuadrados? ¿Cuánta historia ha encerrado? ¿Cuántas esperanzas, fracasos y derrotas? ¿Cuál es el poder de ese contenedor, que ya utilizaron los griegos hace 2500 años? Urnas de cristal, de plástico, de cartón. Urnas en países ricos y pobres, con personas custodiándolas de miles de culturas, colores y rostros. Urnas perseguidas, secuestradas, urnas como símbolo de libertad en democracias prisioneras, urnas que esconden el paripé, el soborno. ¿Qué encierran para desencadenar guerras o legitimar revoluciones, para respaldar gobiernos corruptos o anunciar profundos cambios?

Este 24 de mayo, esas cajitas pueden encerrar la continuidad de unos grandes partidos, el PP, PSOE y CC, que han convertido lo que debe ser un servicio a la mayoría social, en un gran negocio para unos pocos. El desfalco a las arcas públicas, la privatización de servicios esenciales, la destrucción de alguno de nuestros mejores espacios, el despido y la sobreexplotación, el desprecio a la juventud, salieron de las urnas. No apoyemos más a los responsables de esos atropellos. Cómo olvidar el desprecio del PP y Soria, con el tema del petróleo, con los recortes y la ley mordaza, o las nefastas políticas ambientales o de servicios sociales del pacto CC-PSOE en Canarias. ¿Qué hicieron en el Cabildo? ¿Acaso Mercedes Roldós, Fernando Bañolas o A. Víctor Torres, no tienen que ver con esas políticas? Que sus campañas millonarias, que la complicidad de los grandes medios de comunicación, no nos silencie la memoria. El recuerdo también nos pertenece.

Esa otra alternativa, Unidos, es también artífice y cómplice de esas dolorosas políticas. ¿No era Bravo de Laguna del PP hasta el otro día? Partidos como CIUCA, o viejos conocidos del atropello a Canarias, como el marqués, los herederos de Dimas o Ignacio González, hoy nos sonríen desde las vallas publicitarias, como si el desgobierno de Telde, la venta de los mejores espacios de Fuerteventura, Tenerife o Lanzarote, no fuera con ellos. Tampoco Nueva Canarias, salvo honrosas excepciones, ha sido ejemplo de buen gobierno, defendiendo megaproyectos despilfarradores de recursos, destructores del territorio y el suelo rústico, como el tren o el centro comercial de Gáldar. En estos meses ha crecido apañando por el archipiélago a conversos del PIL, IF, PP, CC y PSOE. Ahora llega Ciudadanos, con un discurso de regeneración de la política, pero que esconde la nueva derecha que sólo piensa en sus minoritarios e injustos intereses. Ciudadanos es el lado cosmético de la vieja política. No representa las aspiraciones de cambio de la mayoría hacia un modelo económico y social más igualitario y justo.

En este escenario, nace PODEMOS, con la voluntad de recuperar las instituciones para la gente y sus intereses, para cambiar las formas de hacer política desde la transparencia y la participación y para acabar con el egoísmo como forma habitual de gobernar. Las mujeres y hombres de PODEMOS no llegamos de la nada, sino que ya estuvimos gestándonos en la calle, en el 15 M, en las grandes huelgas generales, en las grandes movilizaciones. Aunque parezca que nacimos ayer ya estábamos presentes en este cambio de ciclo político, algo sin precedentes desde la transición.

El próximo día 24, en la urna, se juntará en forma de papeleta la voluntad de la ciudadanía, como un ejercicio de soberanía individual. Pero cuando todas esas voluntades se recuentan y se suman, pueden dar para bien o para mal, nuevos escenarios políticos o el respaldo a partidos políticos y personas que nos han llevado a esta grave situación. Nuestro ejercicio de libertad, votando o no, puede respaldar políticas y actuaciones que nada han tenido que ver con nuestras aspiraciones y necesidades y que sirven, paradójicamente, para castigarnos. Es ahora el momento de tomar una decisión consciente, meditada y libre, pero desde una dimensión colectiva de lo que puede decidir nuestro voto, o nuestra abstención. En los procesos electorales no todo es inocente, este sistema político ha contribuido al vaciado de la democracia real de todos los días y ha supuesto un peligroso cheque en blanco para que algunas personas hagan lo que quieran con nuestro voto. Eso provoca hartazgo y ganas de no participar. Este día 24 es diferente. Podemos quitar a quienes han gobernado sin escrúpulos y hacer de las elecciones el instrumento que garantice la soberanía popular y los intereses de la mayoría. Esa posibilidad real existe, no la desperdiciemos. Por eso es importante votar.

Durante las mayores expresiones de crítica al sistema político y a los grandes partidos, cuando el 15 M, ganó por mayoría absoluta el PP, aunque empatado con la abstención (unas 10 millones de personas). El resultado perverso lo produjo, entre otras cosas, esa alta abstención, que dio como resultado lo contrario a lo deseado, respaldando un partido que se encargó de masacrarnos. La duda es un derecho legítimo, cuando se defrauda la esperanza. Pero tampoco cabe votar con la barriga, la corrupción no es el problema, es su consecuencia. Son las ideologías antisociales, ultraliberales, que no sólo habitan en la derecha, las que nos han llevado hasta aquí, más allá de sus dineros en Suiza. Unas ideologías que hoy se esconden en esos retratos inofensivos que cuelgan en las farolas. La gente se abstiene por muchas razones. Puede ser un acto de insumisión, de consciencia, de duda o de rebeldía. Puede entenderse la abstención. Pero al menos esta vez ¿no vale la pena votar y dar una oportunidad al cambio, cerrar las puertas a tanta injusticia? La duda y la crítica no son incompatibles con la participación. Lo importante no es estar en un momento histórico, que lo estamos, sino ser partícipe de él. Vivámoslo como personas conscientes de la responsabilidad que tenemos este día 24 de Mayo. Este cambio exige también cambiar la mentalidad de impotencia y el conformismo del “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Cambiemos, el 24 en esa urna la historia y, de paso, ese viejo e inútil refrán.

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