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Prodi y el amigo americano

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Prodi siempre juega a los exquisitos equilibrios políticos, algo que puede ofrecer rentas electorales hasta que aparece una crisis gruesa. Entonces, aquellas habilidades suelen volverse en contra. Todo el mundo sabe que la bases gringas instaladas en Aviano y Nápoles ya no trabajan por la defensa de Occidente frente a un ataque eventual de la URSS, aquellos tiempos de la guerra fría, sino que proyectan sus planes sobre Oriente Medio. Las han reconvertido para esa función. Teniendo en cuenta que la opinión pública italiana mantiene enormes simpatías por la causa palestina, que rechaza la ocupación de Irak y, en parte, la participación de su país en la criminal guerra de Afganistán (otro debate en Italia, caliente aunque inconcluso), la creación de otra base militar gringa en Vicenza tenía que ser mal recibida. El primer ministro volvió a meter recientemente la pata en ese esfuerzo suyo, para mí incomprensible, por recuperar las buenas relaciones con Estados Unidos. Los tribunales italianos exigen la extradición y juicio de 26 agentes de la CIA, implicados en algún secuestro ilegal realizado en territorio italiano, en el marco de la lucha de los neoconservadores estadounidenses contra el terrorismo mundial. Incomprensible que el primer ministro se niegue a tramitar las extradiciones de esos piratas gringos, especialmente tras la muerte de su agente Nicola Calipari a manos de un soldado norteamericano hace dos años en Bagdad. La resistencia de Prodi a enviar más soldados italianos rumbo a Afganistán, bajo el mando de Estados Unidos, tampoco parece muy firme. Ni convence a los ciudadanos, quienes también votaron por la coalición de centro izquierda para que iniciara una política exterior de paz y por el fin de las agresiones estadounidenses tanto contra Irak como contra Afganistán. Preocupados hoy, además, porque su suelo vaya a utilizarse como rampa de lanzamiento o apoyo en una ofensiva militar con el pueblo iraní como objetivo. La reacción inicial de los habitantes de la pequeña ciudad de Vicenza estuvo justificada hace menos de un año, cuando el engaño llegó a su conocimiento. La ampliación de la base de Vicenza era otra cosa, a saber, la reconversión del aeropuerto civil de la ciudad, Sal Molin, en otra instalación militar con la presencia de la 173 Brigada Aerotransportada (más de 50 tanques de guerra M1, 85 tanques acorazados, 14 morteros pesados, 40 Humvees, dos núcleos de aviones Predador, lanzamisiles MRLS y otras armas) y 1.800 militares más que sumar a los 6.000 ya presentes en esta pequeña localidad. La movilización ciudadana de rechazo al proyecto culminó (tras la del pasado 3 de diciembre) en la manifestación del fin de semana. Se trata de una carga de profundidad contra la idea de Prodi de seguir contemporizando con los planes de Washington y otra expresión clara del rechazo popular a la ocupación de Afganistán y a la OTAN, esas siglas anacrónicas cuya función en Europa ha quedado para caja de reclutas al servicio de ambiciones ajenas. Y ya que estamos con este tema, sería interesante que el gobierno español explicara el sentido de haberse gastado ya casi 700 millones de euros en la misión militar de Afganistán. ¿Y si nos vamos ahora de allí, aprovechando que Bush solicita más soldados a los aliados de la OTAN?

Rafael Morales

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