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Quid pro quo

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No obstante, entre nuestros pecados figura uno muy grave: un estúpido corporativismo que las más de las veces no nos lleva más que a tapar las manzanas podridas que nos acompañan, que las hay. A pesar de todo, nos queda algo de orgullo y, aunque haya quien no lo crea, de dignidad. Y a esos dos factores quiero apelar. Luisa del Rosario es una excelente periodista grancanaria, una melómana entregada, posee un ingenio brillante, una bondad innata y es, no lo voy a negar, mi amiga. A estas alturas es público lo que le ha ocurrido. La fundación del nuevo teatro Pérez Galdós, a través de su director, Rafael Nebot, la contrató como jefa de prensa. Hasta que alguien llegó y decidió que ese puesto era para otra persona, la periodista Teresa Cruz. Luisa del Rosario había dejado su puesto de trabajo en Canarias7, y en menos de un mes ha tenido que solicitar su readmisión. Con lo que ello supone de humillación y con el coste que para su prestigio profesional implica en su currículum semejante capítulo. En este episodio hay varios factores. Uno es el nepotismo (Teresa Cruz es la esposa de Larry Álvarez, asesor de José Manuel Soria) que se ejerce desde algunos cargos públicos y que resulta repugnante. Pero, qué les voy a decir, a eso ya estamos acostumbrados. El problema en este caso es que tan rastrera acción se ha sustentado en el convencimiento de que nosotros, los periodistas, aún siendo testigos y parte afectada, íbamos a mirar para otro lado y a callar, como tantas otras veces. Pero en esta ocasión va a ser que no. Luisa del Rosario va a acudir a los tribunales para limpiar su nombre profesional. Los nervios y la humillación no se los va a curar nadie. Pero queda algo más. Queda otra periodista, Teresa Cruz, que parece estar dispuesta a alcanzar sus objetivos profesionales pisando a quien haga falta, quizá porque los méritos profesionales no le sobran, al menos no se le conocen en el ámbito cultural. Bien, que se atenga a las consecuencias. Una amiga mía ha tenido una idea genial (mis amigas son casi todas brillantes, me junto a ellas a ve si se me pega algo), y se la voy a proponer a mis colegas. Consiste en tratar a esa señora como ella trata a sus compañeros: ignorándolos. ¿Cómo sobreviviría una jefa de prensa si ningún periodista acude a sus convocatorias? ¿Será capaz de redactar suficientes notas de prensa como para paliar ese vacío? Pues no sé si será capaz, pero por lo menos estoy segura de que se lo tendrá que currar. Y que ande todo el día con el culo a dos manos algo, la verdad, consuela. Quid pro quo.

Esperanza Pamplona

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