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Radicalismo 1970

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Nada objetaré al sustantivo "canarión". Tengo bien merecido el desprecio que denota porque nadie me mandaba nacer en Gran Canaria. Debí procurar que mis padres no cayeran en el engaño inducido por el "Gran" del nombre de la isla que tanto confunde a los turistas. Pero no se disponía aún de los análisis de don Pepito y otros oráculos áticos para quienes la reforma del Estatuto se irá al carajo de mantenerse esa denominación; de no resaltarse el Teide a salirse del escudo en las siluetas insulares y de no enumerarse las islas en razón de cuadrados kilometrajes. Falta que del jardín de belleza sin par, que son las siete islas Canarias del pasodoble, eliminen el parterre canarión. Eso vendrá luego. El añadido de "radical" fue lo que me dejó perplejo. Si bastaba "canarión" para machacar mis raíces, no era preciso tan cruel ensañamiento pleonástico. Pero no iban ellos por ahí: utilizaban la acepción de radicalismo referida a extremosidad intransigente. Lo que relacioné con la peligrosa temeridad atribuida a mis alusiones a la cuestión constituyente canaria; que continúa. Al ser el radicalismo enfermedad juvenil, agradezco que me quiten así años de encima. Pero no ocultaré que es radicalismo prestado. Lo tomé de Alejandro Nieto, ex catedrático de Administrativo de La Laguna y del entrañable Leopoldo de la Rosa. Los dos tuvieron que ver con la publicación, en 1970, de la tesis doctoral de Joaquín Valle Benítez, titulada Los Cabildos insulares de Canarias y dirigida por Entrena Cuesta. Mi radicalismo es el de la ley de Cabildos de 1912 como la concibiera Manuel Velázquez en su día y la analizaran en los 70 los profesores citados; además de González Vicen, Garrido Falla, Hernández Rubio y Jesús Lalinde, que examinaron la tesis de Valle con el propio Nieto. Para éste, "en 1912 se abandonó la táctica del bloqueo y el halago: la cuestión canaria dejó de ser patrimonio de camarillas para convertirse en problema de todo el país". La idea era que la ley de 1912, sin ser definitiva, apuntaba a una solución del pleito insular, que se frustró. De haber sabido que aquellos profesores eran unos radicales, hubiera salido corriendo. Encima dice el médico que lo de canarión no se quita.

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