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Rakkautta & Anarkiaa 2010 (II)

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The Secret of Kells es un viaje por la cultura del medievo, simbolizado en un maravilloso libro que resume todo el conocimiento de la época, aunque también es el viaje de un joven monje en su camino hacia la madurez. Dotada de un grafismo sencillo, colorido, pero tremendamente atractivo, la película posee una doble lectura que la hace idónea para niños adolescentes y para personas mayores amantes de narraciones medievales teñidas de leyendas ancestrales.

Esta última película formaba parte del mejor ciclo, según mi opinión personal, presentado en el festival. Stories from Ireland reunía una muestra del cine que se está produciendo en Irlanda, el cual supone una inmejorable tarjeta de presentación de dicho país. Además, si hay una palabra que defina las tres películas siguientes: Ondine, del director Neil Jordan; The Eclipse, dirigida por Conor McPherson; y Nothing Personal, de Urszula Antoniak, es la sencillez y la sinceridad de sus propuesta. En todas y cada una de ellas sus personajes son reales. Algunos, como la protagonista de Nothing Personal, no es, lo que se dice, muy sociable, algo que también le pasa al personaje femenino de Ondine. Otros, como Syracuse (Ondine) o los personajes interpretados por Ciaran Hinds y Stephen Rea, solamente tratan de ser quienes quieren ser a pesar del mundo que les rodea.

Otra de las virtudes de estas tres propuestas, aunque en el caso de Ondine su metraje roza las dos horas ?las otras dos ni siquiera llegan a los noventa minutos- es su capacidad por contar en el tiempo justo y con los recursos necesarios una historia que, desde luego, no te deja indiferente.

Este ciclo fue, sin duda, el ciclo del descubrimiento, además de estar dotado de un amor ciertamente anárquico, algo que refleja muy bien Nothing Personal.

La misma sinceridad y claridad de ideas a la hora de contar una historia se puede aplicar a Huomisen muisto, un corto englobado dentro del ciclo Finnish Pearls (Joyas del cine finlandés), al igual que lo estaba Suomalainen.

La historia, con un marcada querencia hacia el género fantástico, es toda una reflexión sobre lo que le supondría a los seres humanos poder vivir doscientos años. El protagonista, Aleksi, decide someterse a un experimento para prorrogar su vida tras la inesperada muerte de su mujer. Para él, tras la muerte de Saila, su único amor en esta vida es su cámara de fotos, gracias a la cual atesora infinidad de momentos. El problema es que llega un día en que esos momentos, por muy tecnológicos que sean, -ahora las fotos no son estáticas, sino que están dotadas de movimiento- no logran calmar la sensación de soledad que invade al personaje. El final es simplemente un acto de lucidez de una persona que decide poner punto y final a su larguísima existencia.

Rodada con pocos elementos, pero muy, muy cuidados éstos, lo más destacable es la maravillosa actuación del actor principal, Heikki Nousiainen, el cual logra hacer creíble una historia como ésta.

Siguiendo con las películas de género fantástico del festival, hay que comentar las tres siguientes películas.

La primera de todas es Housemaid, remake de la película homónima de 1960, que deja muy claro lo que el director Guillermo del Toro no se cansa de repetir cuando le preguntan acerca de sus películas; es decir, los mayores monstruos son los seres humanos.

La película es todo un ataque frontal contra los usos y abusos que cometen las personas adineradas para con sus sirvientes. Al final, la vida de una joven niñera y sirvienta se acaba convirtiendo en una película de terror que recuerda a la Rebecca de Alfred Hitchcock, aunque en este caso la demente de la historia no sea el ama de llaves, sino la madre de la señora de la casa en la que trabaja la joven.

Tan radical y más extrema en sus planteamientos es la segunda, Dream Home, película china que incide en el problema real y cotidiano de aquellos que no tienen una casa en donde vivir. La protagonista, una joven que se vio privada de su casa de toda la vida por la especulación que reina en Hong Kong, termina por convertirse en una sanguinaria asesina con tal de lograr un apartamento en un edificio con vistas al mar.

A simple vista, la película puede ser catalogada "de asesina psicópata que se divierte con lo que hace", sin embargo, la realidad es muy distinta y la tremenda angustia que le entra al personaje principal al ver que no logra comprarse la casa de sus sueños terminará por ser el detonante que la lleve a cometer tan terribles crímenes.

Descarnada y dura, a nadie se le debería escapar las dobles lecturas que la película tiene.

No obstante, la película que mejor resume el sustantivo anarquía es la tercera, Buried, del director español Rodrigo Cortés. Buried es un increíble ejercicio de estilo y un prodigio técnico al estar rodada sin ayuda de los ordenadores. El limitado espacio en el que se mueve el protagonista principal es toda un fábula de la insensatez y la estrechez de miras en la que se ha convertido nuestra actual sociedad.

El personaje de Ryan Reynolds, Paul Conrey, descubre, de la forma más claustrofóbica posible, que en una guerra estás solo, te guste o no. Sobre todo en las guerras modernas. Además, el magnífico guión de Chris Sparling incide en la tremenda fractura que existe en la sociedad norteamericana, sobre todo cuando se habla de la guerra de Irak, y la tremenda caradura, la cual roza en lo delictivo, de las empresas que operan en ese país aún en guerra. Lo triste es que, al final, tengan que pagar quienes menos culpa tienen, cuando los responsables de una contienda como la iraquí permanecen tan tranquilos en sus casa.

Ésta es una conclusión que se puede sacar perfectamente al ver dos documentales que tienen como escenario el también inconcluso conflicto de Afganistán.

Restrepo es un descarnado documento que demuestra que no todos los soldados norteamericanos que combaten en Afganistán y en Irak son unos colgados patrioteros sin nada dentro de la cabeza. Para muchos de ellos, el ejército es una forma digna de sobrevivir y tratan de hacerlo de la mejor manera posible. Otra cosa es que no tengan muy claro qué hacen allí, algo que, por ejemplo, sí está mejor definido en el documental danés Armadillo.

Para los miembros del pelotón danés destinados en la base de Armadillo, su labor está clara. Están allí para ayudar a los habitantes de Afganistán frente al yugo de los talibanes. Sin embargo, sus sentimientos de boy scout se tornan en desconcierto cuando las balas empiezan a diezmar a los miembros del pelotón. Es entonces cuando se dan cuenta de que están en una guerra muy, pero que muy desagradable.

En el caso de Restrepo, los miembros del pelotón norteamericano lo aprendieron, precisamente, cuando el cabo Juan Restrepo muere en una de las misiones, de ahí el nombre de la base.

En ambos documentales queda claro lo siguiente: la guerra la declaran los políticos, cómodamente sentados en sus despachos, y las libran personas de carne y hueso, quienes lo único que tratan es de sobrevivir en un territorio hostil.

Y si quieren un territorio realmente hostil, les recomiendo que vean la película City of Life and Death, del director chino Lu Chuan. La historia nos recuerda las atrocidades cometidas por el "glorioso" ejército imperial japonés durante la conquista de la ciudad china de Nanking, en el año 1937.

Rodada en blanco negro, para así teñirla de un cierto efecto de documental, la película machaca al espectador con los desmanes cometidos por un ejército que durante unos años se creyó rodeado de un aura especial, algo que luego les sucedería a las tropas germanas, en Europa.

De una factura impecable, el problema que tiene la película es que el espectador solamente acaba por conectar con el personaje del sargento japonés Kadokawa, uno de los pocos personajes lúcidos de toda aquella locura. Puede que éste sea el recurso del director para demostrar que no todos los japoneses eran unos dementes sin alma, aunque se echa de menos una mayor implicación por parte de los personajes chinos.

Esta película también es un muy buen resumen de lo que pretende un festival de cine como Rakautta & Anarkiaa, donde se pasa del amor apasionado a la demencia más absoluta con sólo cambiar de sala. Y eso es algo que los espectadores, año tras año, aprecian y premian, asistiendo en masa a sus proyecciones, cosa que los datos de esta edición así lo demuestran.

Además, ¿quién no tendría ganas de ir al cine después de ver un trailer lleno de zombis y apasionados protagonistas, como el que tuvo el festival este año?

En total han acudido 53.310 personas a ver las 125 películas que Rakautta & Anarkiaa ofrecía en más de 400 proyecciones. Y un dato que pocas veces se aporta, hubo 133 proyecciones que agotaron sus localidades. Y no se piensen que eran salas de 30 butacas...

Agradezco a Mr. Pekka Lanerva, Ms. Saija Holm y a todas las personas que me atendieron tanto en las oficinas del festival como en el centro de información las facilidades y la profesionalidad mostrada durante todos los días en que duró el evento.

Eduardo Serradilla Sanchis

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