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Reacción antinacionalista

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Salvando raras excepciones, como pueda ser la de la derecha catalana versión Piqué o Montserrat Nebrera, la balear de Matas o la gallega de Núñez-Feijóo, el nacionalismo español de derechas lleva consigo un fuerte sentimiento antinacionalista, colocando al terrorismo de ETA como la consecuencia lógica de esa ruptura de España que presagian cada día en mítines y medios de comunicación. Esa misma aparente contradicción dentro de la derecha la encontramos en muchos sectores de la izquierda nacional española, con un agresivo discurso antinacionalista de algunos miembros destacados del PSOE. Esto entra claramente en contradicción con las profundas tesis federalistas de la tradición socialista, sustentadas en la atención a las diferentes identidades nacionales de referencia, tal y como sucede en Cataluña, con el PSC, o en Euskadi, con el PSE-EE.

Ese nacionalismo españolista, que une a determinados socialistas y a casi todos los populares, atenta al sentido político más elemental y a las tradiciones federalistas, y conciliadoras con los nacionalismos históricos, de la izquierda española. Y dichas acciones se hacen cayendo en un burdo nacionalismo español (que sólo podría heredar de la más rancia reacción conservadora, protagonizadas en la actualidad por la COPE, El Mundo y el sector popular de Aguirre), y cerrando las posibilidades de una solución racional en esta materia se reducirían enormemente, en beneficio de la derecha estatal.

Pero, ¿qué pasa con el derecho de autodeterminación de los pueblos, que siempre ha formado parte de los programas de la izquierda desde sus orígenes? Ya en el siglo XIX, Marx lo defendió en el borrador que había preparado para la I Internacional en 1865. Pero al año siguiente ya estaba aclarando que los beneficiarios eran las genuinas naciones, Alemania, Polonia, Italia, Hungría, en ningún caso las nacionalidades -y ese léxico es suyo- como la escocesa o la galesa. En el fondo, su pensamiento era puramente táctico, que es lo que no puede ser un derecho, algo sometido al "depende". A Marx lo que le preocupan son los ideales emancipadores y lo que buscaba era espacios políticos amplios lo suficientemente consolidados en donde realizar los ideales de democracia radical y de justicia, de igualdad. Y es que el derecho a la autodeterminación, en realidad el derecho a la secesión unilateral si queremos ser precisos, concentra todas las inconsistencias analíticas del nacionalismo. En el fondo arranca de una suerte de comparación con las separaciones matrimoniales: si alguien no quiere formar parte de una pareja, quién puede obligarlo.

Estas reflexiones nos deben llevar inmediatamente a subrayar un aspecto, esencial desde el punto de vista político. En el estado español existen actualmente sectores significativos que reclaman la autodeterminación en, al menos, cuatro territorios históricos: Cataluña, Euskadi, Galicia y Canarias. Y desde aquellos sectores antinacionalistas de la izquierda deberían extraer consecuencias lógicas de la presencia histórica de estos nacionalismos, surgidos y desarrollados a finales del siglo XIX en el Estado Español. La naturaleza democrática de la izquierda debe llegar a pensar que no se puede negar a los sectores nacionalistas la posibilidad de llevar a cabo su programa político, en caso de conquistar la mayoría. El no considerar el derecho de autodeterminación un derecho absoluto, no implica, ni puede implicar, oponerse a la adquisición y ejercicio de la autodeterminación en aquellos territorios en que sus defensores tengan apoyo significativo, aunque no sea mayoritario. Alinearse en un frente contrario a la aceptación de la autodeterminación sería tanto como situarse en el bando, nacionalista español por más señas, de los que defienden a ultranza el Estado constituido, como si fuera algo natural e indiscutible.

En otras palabras, y en boca de un muy buen amigo socialista del PSC, "esta debería tener una posición pragmática respecto al tema nacional y no enfrentarse gratuitamente a los nacionalistas. Respecto a las comunidades históricas en las cuales el nacionalismo es una fuerza política significativa, parece sumamente razonable que la izquierda apueste por la adquisición del derecho de autodeterminación, a través del reconocimiento de la soberanía de sus parlamentos o por cualquier otro mecanismo. Todo ello, sin perjuicio de defender simultáneamente formas de unión política basadas en un consenso de las fuerzas políticas de esas comunidades".

No vengo aquí a dar lecciones de socialismo, pero sí creo que la izquierda no debe olvidar que la tradición de la izquierda española es más federal que unitarista y centralista. Quizás, y por circunstancias obvias derivadas de la Transición, el gran error de la Constitución de 1978, motivado por la presión de los poderes fácticos heredados del franquismo, fue intentar dar una única solución a dos problemas sustancialmente diferentes. Por una parte, el de los territorios históricos con fuerte identidad nacionalista y, por otra, el de la descentralización administrativa del estado centralista heredado del franquismo. Esa solución común a problemas distintos, el llamado Estado de las autonomías, se encuentra hoy seriamente cuestionado.

En fin, por mi parte, felicitar a estos osados jóvenes nacionalistas, auténticos artífices de recordarnos este debate, que para muchos es trasnochado, pero para otros muchos, de mucha más profunda actualidad ideológica. Los jóvenes de cualquier partido polítco son los que sacan los colores a los viejos políticos en determinadas ocasiones. A pesar de ello, muchos miembros de la cúpula de CC, al día siguiente, desmienten dichos principios ideológicos atemorizados por ese frente común antinacionalista entre las derechas e izquierdas españolas del otro lado de la orilla. Debe ser la bisoñez en estas lides de quienes comparten estas tesis con la boca pequeña y no se atreven a tanto como lo haría un Anasagasti o un Carod Rovira, por poner algunos ejemplos de derecha y de izquierda nacionalista en el conjunto del Estado español.

* Profesor de Enseñanza Secundaria y Presidente de la Asociación Plan Estratégico Ciudad de Telde

Antonio Hernández Lobo*

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