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Reducción de la deuda local

Salvador García Llanos

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Se consolida, según los datos obrantes y hechos públicos por el Banco de España (BE), la tendencia descendente de la deuda del sector local, que es el único que la reduce frente a la Administración del Estado y las Comunidades Autónomas.

La deuda ha quedado fijada, de acuerdo con los balances del primer trimestre del año, en treinta y cinco mil ochenta y tres millones de euros. En términos porcentuales, continúa situada en el 3,2% con relación al Producto Interior Bruto (PIB). La disminución del volumen de la deuda (unos cincuenta millones de euros menos) es inferior a la registrada en el último trimestre de 2015, pero prolonga esa tendencia reduccionista de la deuda. Las cifras finales de ese año y del anterior así se han caracterizado.

Para el municipalismo, desde luego, es un hecho positivo. Puede lucirse, pero sin alardes ni triunfalismos, que luego existen otros análisis de la realidad económico-financiera de las corporaciones locales que, cuando menos, invitan a pensar que las obligaciones a largo plazo, las carencias y los problemas de liquidez, siguen latentes. Recordemos, además, que el conjunto de la deuda global de las administraciones públicas españolas alcanza casi los mil cien millones de euros, lo que representa el 100,5% del PIB.

La tendencia, dicho en términos generales, parece denotar un mayor sentido de la responsabilidad en la administración de recursos públicos por parte de los ayuntamientos. La administración local de este país arrancó en 2014 con una deuda que representaba el 4,1% del PIB. Ese año acabó con un 3,7% y el siguiente, con un 3,2%. Fuentes municipalistas atribuyen el menor descenso de la deuda de este período al desigual comportamiento de los distintos sectores de la misma. Será interesante comprobar cómo evoluciona a lo largo del presente ejercicio, cumplido ya el primer año del mandato.

Porque, pese a estos registros favorables, el problema de la financiación local aún no está resuelto del todo. Ha sido tajante el presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Abel Caballero, en el contexto de la ya larga revindicación de un modelo específico para las corporaciones locales, al señalar que éste es el momento adecuado para cerrar un debate que interesa a todos. Ya se verán los criterios que maneje el nuevo Gobierno -si es que prosperan las fórmulas de gobernabilidad que surjan en las próximas semanas- pero es indiscutible que estando la deuda local en un 12% se trata de fijar hasta dónde se quiere llegar.

“Tenemos que ser intolerantes ante cualquier intento de restringir nuestra financiación”, dijo Caballero a sus colegas y compañeros. Seguramente, se siente legitimado por ese buen comportamiento de las cuentas locales, hasta el punto de querer incluir en presupuestaciones futuras la libre disposición, total o parcial, del teórico superávit con que se cerraron las cuentas del pasado año, sin que se vea computado, eso sí, el denominado 'techo de gasto'.

“Nunca lo vamos a tener mejor que ahora”, remarcó Abel Caballero. De los ediles depende, pues. Si durante los últimos dos años, se han conducido de forma tal que las contabilidades han clareado hasta ofrecer, globalmente, resultados positivos, ahora están obligados a revalidar ese ejercicio de buena administración para colocar a las instituciones locales en una mejor disposición de estabilidad futura.

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