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1-O: Revival franquista

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Como en un mal sueño, las noticias relativas a la detención de cargos públicos y registros en la sede de partidos políticos catalanes nos dejan el regusto amargo la pesadilla: pero al despertar, el monstruo sigue ahí. Observamos en la información facilitada por los medios los síntomas del trauma no superado de la dictadura, que se manifiesta en un país donde los conflictos políticos se siguen resolviendo mediante la fuerza bruta. La derecha en el poder, digámoslo con claridad, es amante de la violencia y siempre ha dado muestras de ello. Sus bases represivas necesitan la violencia y la manifiestan y la alientan siempre que ello es posible. Así, pese a las invocaciones vacuas al funcionamiento del “Estado de Derecho”, sólo podemos considerar violencia la supresión de facto de las mismas garantías democráticas que se afirma defender. El Partido Popular, un partido que vuelve a demostrar su filiación fascista, podrido de corrupción y enredado en tramas mafiosas que socaban cualquier pretensión de honorabilidad de sus representantes, responde ante su situación de opción política residual en Cataluña como el maltratador en una relación de pareja: convierte sus complejos en agresividad. El dispositivo policial que ya inicia su despliegue en Cataluña, con alojamiento para sus tropas de asalto en varios buques de crucero atracados en el puerto de Barcelona, nos da una idea de la siniestra imaginación represiva que caracteriza a unos responsables de Interior que ya han hecho gala de un perturbador talante antidemocrático en el pasado reciente. Por su parte, la judicatura, que no deja de dar muestras del bajísimo nivel de saneamiento de sus estructuras predemocráticas, jalea ahora a sus mastines y se apresta a protagonizar la persecución de aquellos representantes políticos que son capaces de poner el cuerpo para que se pueda ejercer el derecho al voto.

En este sainete macabro en que se ha transformado el acontecer político español, con unos gobernantes zafios, ignorantes y chulescos y unas masas aborregadas que siguen entonando el “¡vivan las caenas!” en las encuestas de intención de voto, el Partido Socialista Obrero Español, tal como ocurrió en el acto inaugural de la reforma del 135 de la Constitución, vuelve a ejercer de comparsa vergonzante, como organización que ha pasado de representar al liberalismo progre al vaciamiento ideológico total de la actualidad, con figuras de un nivel político rayano en la oligofrenia. Les acompañan en este viaje a bordo del love boat del Ministerio de Interior ciertas voces de una izquierda que adolece de todos los tics franquistas adquiridos en la caverna del españolismo durante los cuarenta años de vida del dictador: opinadores de diversa laya, que jamás han puesto un pie en Cataluña, que desconocen la realidad catalana, repiten todos los tópicos anticatalanes y centralistas que el viento propaga al sur del Ebro, aclamando la prohibición del referéndum entre espumarajos de resentimiento e ignorancia.

Lo cierto es que no apetece seguir formando parte de un Estado represivo y chabacano como el que hoy detiene a quienes reivindican el derecho a decidir, que cuando no tiene suficiente con la ley mordaza, se apresta a enviar a las fuerzas policiales en busca de papeletas y carteles. No podemos culpar a tantos catalanes del nivel de desafección generado y de que este vaya a crecer exponencialmente después de los últimos sucesos. En la España del PP vuelve a haber presos políticos. Y en Cataluña hay un levantamiento democrático que debe ser saludado con respeto por todas las personas que creen que la política la debe protagonizar una ciudadanía consciente, activa y movilizada. Vayan desde aquí todas nuestras simpatías con catalanas y catalanes que luchan pacíficamente por la democracia.

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