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Ricardo Lagos, Irak e Irán

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Lagos no dirige estas demandas con la pretensión de obtener contestaciones sino todo lo contrario. Sabe que la imposibilidad de responderlas satisfactoriamente está provocada por los desastres acumulados tras las decisiones unilaterales estadounidenses contra Irak. Para evitar la repetición de la catástrofe en el caso iraní, Lagos lanza más preguntas: "¿Se volverá a actuar al margen de la ONU o seguiremos el carril que indica la coherencia internacional? ¿Se asumirá el análisis serio de los datos de los expertos sobre la capacidad nuclear de Irán para derivar de allí una acción diplomática, como se ha hecho con Corea del Norte, o se precipitará otra grave crisis militar?" La esperanza de Lagos consiste en que Washington desista de emprender otra aventura militar contra Irán tras el pantano iraquí. Esta vez el articulista sí responde a su propia pregunta. Ningún ataque contra Irán sin un acuerdo del Consejo de Seguridad de la ONU dentro de las reglas internacionales. ¿Y si Washington arremete contra Irán de todas formas? Ricardo Lagos escribe, referido al antecedente iraquí, que "los Estados Unidos le debe una explicación al mundo porque la justificación de la guerra no fue demostrada por los hechos posteriores". Estos socialdemócratas son increíbles. ¿Explicaciones? Estados Unidos destruye Irak, que corre el peligro provocado de fragmentación en tres reinos separados; recoge de las calles unos cien muertos diarios; todavía está pensando en si se va o se queda; se dedica a repartir el petróleo entre los confesiones religiosas con unas prisas tremendas por privatizar después la riqueza que comprarán sus petroleras a bajo precio. Y todo ello cuando sus propios jefes militares sobre el terreno advierten que ganan la guerra en los próximos seis meses (no se lo creen ni ellos) o se enfrentarán a un fracaso estratégico e histórico semejante al de Vietnam. Lo aseguran ellos mismos por boca de su jefe, el general David Petraeus. Para ganar, o intentarlo, este general requiere 120.000 efectivos sólo para controlar Bagdad o el colapso será inevitable. Si toda la deuda de Washington consiste en ofrecer al mundo "una explicación", como pretende Lagos, los halcones gringos no tendrán inconveniente en atacar a Irán, incluso con bombas nucleares tácticas, que ya vendrán las explicaciones. De las agresiones y ocupaciones militares de los últimos tiempos, la de Irak sólo merece una y única respuesta: el proceso ante un tribunal penal internacional de todos los líderes políticos responsables de ese crimen diario contra la humanidad. La comparecencia de Bush, Blair y Aznar ante los jueces tendría que constituir la factura mínima a pagar por la comunidad internacional, además de las compensaciones multimillonarias al pueblo iraquí por la agresión ilegal y, desde luego, la recuperación de la soberanía nacional y el poder de decisión de Irak sobre sus recursos económicos. Esta respuesta será justa, pensará un buen socialdemócrata, pero imposible de aplicar. Quizás. Políticamente, ya están los tres líderes embusteros de las Azores condenados por su opinión pública. También parecía en su día imposible la derrota gringa en Vietnam y/o la caída de Richard Nixon. Las preguntas iniciales de Lagos tienen respuesta. Irak sólo será una nación capaz de regir su destino cuando salgan de allí las fuerzas de ocupación. Dada la destrucción actual, ese repliegue no parece una condición suficiente, pero sin ella la reconstrucción será sencillamente imposible.

Rafael Morales

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