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Ruanda rompe con Francia

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Recapitulando. El presidente Juvenal Habyarimana, de la etnia hutu y francófono, murió asesinado en un atentado aéreo hace 12 años. Viajaba, dicen, para negociar un pacto con el Frente Patriótico Ruandés (FPR), representante armado de la minoría tutsi, superando así un viejo conflicto sangriento. La camarilla gubernamental, que estaba en contra de cualquier acuerdo, aprovechó la ocasión e inmediatamente desencadenó una matanza previamente planificada contra los hutu moderados y los tutsi. Más de la mitad de la población tutsi fue masacrada. Este genocidio es, desde el punto de vista de su intensidad, el más importante conocido por la humanidad. Sólo llegó a detenerse cuando el FPR conquistó el poder. La intervención francesa -Operación Turquesa- estuvo dirigida a proteger a los criminales que escapaban y, en lugar de desarmarlos, permitió su reagrupamiento en la región zaireña de Kivu. Francia está acusada de hacer la vista gorda desde el principio de las matanzas y/o de colaborar con ellas en algunos casos concretos. Según un informe de la ONU, Francia, Gran Bretaña e Italia armaron al hutu power. El tribunal creado para juzgar los crímenes de Ruanda camina despacio. Una Comisión de Investigación sobre la intervención francesa comenzó sus sesiones en Kigali el 24 de octubre de este año, con la intención de presentar conclusiones ante la Corte Internacional de Justicia en el plazo de seis meses. La Comisión determinará si militares franceses entrenaron y armaron a las milicias genocidas. Por otro lado, la ministra de Defensa francesa, Michèle Alliot-Marie, aceptó la desclasificación de 105 documentos de los servicios secretos sobre Ruanda, tras una demanda judicial presentada contra el ejército gabacho por seis supervivientes, todos ellos pertenecientes a la minoría tutsi. Así andaban las cosas, cuando un juez antiterrorista francés firmó órdenes internacionales de detención contra nueve personas cercanas al presidente Kagame, por su presunta implicación en el atentado contra Habyarimana. También recomendó el procesamiento de Kagame como posible autor intelectual del atentado, aunque semejante propuesta resulta imposible de aplicar porque la legislación internacional impide que un jefe de Estado en ejercicio sea procesado. La acusación sale ahora, justo cuando París está acosado por su actuación en Ruanda. ¡Qué casualidad tan extraordinaria! Otra casualidad: los culpables directos de las masacres de 1994 recalcan la misma acusación contra el actual presidente. Si Kagame fue el autor intelectual del atentado contra Habyarimana, aparecerá como corresponsable de sus consecuencias, entre ellas del genocidio… contra su propia minoría tutsi. Muy difícil de admitir, especialmente cuando las investigaciones señalan al sector más extremista del hutu power como autor del magnicidio. Temían perder el poder si el jefe del Estado llegaba a un acuerdo con el FPR. Nada indica que con estos modos (cierta o no la acusación contra el presidente ruandés) Francia vaya a librarse de sus responsabilidades por el genocidio. Lo que sí consiguió hasta ahora, gracias a su astuta acometida, es la expulsión de su embajador en Kigali.

Rafael Morales

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