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Sadam Husein, el octavo día y la fiesta de los corderos por Carlos M. Juma

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Recordemos el origen español de la cerámica de sus baños, la condecoración que recibió de las autoridades españolas, el gas mostaza fabricado en Toledo y que puso su granito de arena en la matanza de miles de kurdos. No ha sido un juicio justo y la condena a muerte es la perversión total del sentido de la justicia. Esto es venganza, el ojo por ojo. Y todos ciegos (Ghandi). Hay un tribunal internacional en La Haya -que por cierto no reconocen ni los Estados Unidos de Norteamérica ni Israel-, que juzga a este tipo de personajes execrables y que no solo debía enjuiciar a Sadam Husein sino a tantos otros que han llevado la muerte y la destrucción como bandera de su acción política. Hablemos de Sharon, de Olmert, de Bush, de Blair, y como no, del ínclito personaje que nos llevó a una guerra y que miraba a los ojos fijamente para afirmar la existencia de armas de destrucción masiva. No quede en el olvido Bin Laden (¿existe?), Pinochet, Castro, etc. etc. No escaparían muchos líderes políticos actuales a la acción de un tribunal imparcial internacional. La pena de muerte debe quedar absolutamente fuera de cualquier acción punitiva. No se arregla un asesinato con otro. Pero este estupendo mundo que hasta ayer aplaudía la acción del dictador iraquí, frenando con un millón de muertos la onda expansiva del ayatolá Jomeini a requerimientos de USA y de Europa - y con su entusiasta ayuda armamentística-, ve con indiferencia y aplaude la ejecución de Husein. No se apagara la sed de venganza en Oriente Medio, ni los suníes quedaran inertes ante el desenlace de este esperpéntico juicio. Será el comienzo de un capítulo más trágico en Oriente Medio, susceptible aún de empeorar. El señor Bush, mientras, estará hablando con Dios, a través de su línea directa y en pleno delirio, y con Olmert, que siempre manifestó que la guerra de Irak le iría bien a Israel. ¿Contento señor Olmert? Mañana, un domingo cualquiera, mister Blair irá a su Iglesia Anglicana y Ánsar de la Pradera ira a comulgar con su conciencia muy tranquila y feliz con el trabajo bien hecho, sobre todo con el que gestionó tan maravillosamente el 11 de marzo. En política seremos ingenuos pero no giliaznares. Los miles de muertos iraquíes no duelen tanto, ocurre como con los palestinos, sólo cuentan los casi tres mil soldados USA abatidos. Si esta es la Justicia que le espera a Oriente Medio, apaga y vámonos. Si esta es la democracia que trae la estupidez encarnada en el señor de los arbustos, hacen bien los árabes en mandarlos a freír puñetas. Guerra ilegal, consecuencias terribles y temibles. La democracia no se impone por las armas, ésa es la acción de los dictadores y de los sátrapas. Esta democracia no la quieren en Oriente Medio, los árabes. Y esta Justicia, tampoco. Ni las guerras en nombre de la libertad ni las ocupaciones en nombre de Dios. No sigamos con esta locura no sea que el Altísimo se despierte porque este es el día Octavo de la Creación. Husein ha sido un cruel asesino; la muerte es su liberación, no se la merece. A nadie compete el poder de la vida y de la muerte. Morir es limitar con el infinito, ser finalmente libres. Si Husein fue a la horca también deberían ir quienes le indujeron a sacrificar vidas como si fueran corderos para una fiesta.

Carlos M. Juma

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