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Sara, Yeremi y Madeleine

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Un año y dos meses después de desaparecer Sara, en la página del buscador Google aparecen 2 millones de noticias al poner el nombre de Sara Morales, si escribimos el nombre de Yeremi Vargas 190 días después de su desaparición nos aparecen 46.000 informaciones, sin embargo, si ponemos Madeleine Mc Cann aparecen más de 6 millones de noticias. A la difusión del caso de Madeleine contribuyó la visita que sus padres hicieron al Vaticano, donde el Papa Benedicto XVI los recibió y les dio la bendición. También los apoyó el futbolista David Beckham y la autora de los libros de Harry Potter, que ofreció 3 millones de euros para contribuir a la búsqueda. El matrimonio Mc Cann ha viajado a Roma, Berlín y Madrid. Gerry es cardiólogo y Kate médico especialista. Los sueldos de ambos suponen más de diez veces los ingresos de los padres de Sara y los de Yeremi juntos. Ser médico en Reino Unido es un chollo: más de 6.000 licenciados en medicina españoles han viajado a Gran Bretaña en los últimos años para multiplicar por tres el sueldo que ganarían en España en esa profesión. Estoy convencido de que el poder económico de los Mac Cann ha contribuido a la enorme repercusión de su caso a nivel internacional. Pero ahora los hechos se han tornado. Gerry y Kate Mac Cann han pasado de ser los padres desgraciados dignos de la compasión de millones de personas, a ser unos sospechosos que dejaron a sus tres niños solos, quizás después de darles somníferos, para poder disfrutar de una cena en un restaurante con unos amigos, en la que bebieron, según un camarero, 14 botellas de vino. Los Mc Cann están viviendo el típico linchamiento mediático al que se somete a las estrellas. Son los peligros de salir tanto al escenario: los mismos focos que han dado brillo a tu rostro pueden quemarte hasta los huesos. La fotografía de Madeleine ha estado incluso en la portada de los periódicos mejicanos, un país donde desaparecieron 120.000 niños en los últimos cinco años. También conocen a Madeleine en la prensa brasileña, en sus periódicos han encontrado espacio para poner la foto de la niña británica, un hueco que no había para el rostro de los 10.000 niños secuestrados el año pasado en el país de la samba. Son las paradojas de la globalización. Que quede claro que no pretendo reivindicar que se hable más de los niños canarios desaparecidos. Creo que se ha hablado de ellos bastante, y bastante mal. Me parece vomitivo el circo mediático montado en torno a estos casos. Sin ánimo de ofender a los seguidores de Ana Rosa Quintana o de El buscador de Telecinco, inventarse la falsa información de que una furgoneta blanca une los casos de Sara Morales, Yeremi Vargas y algún otro caso de frustrado secuestro en Vecindario puede ser muy útil para mantener a la audiencia atenta a las pantallas, pero sólo ha servido para intentar provocar una psicosis en el sur grancanario. Han logrado aumentar la preocupación de muchos padres y madres, y privar a muchos niños de correr por los parques ante el temor al hombre de la furgoneta blanca que circula por Vecindario llevándose a los niños como antes se los llevaba el hombre del saco, con la diferencia de que en esta ocasión nos cuentan el cuento por televisión y lo disfrazan de noticia en exclusiva.

Juan García Luján

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