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Un Senado para una nueva Canarias

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Parece que existe un amplio acuerdo sobre la necesaria reforma de la Constitución, para dar encaje a la nueva realidad política que se viene configurando en los últimos años. Para Canarias, esta reforma debería recoger las aspiraciones democratizadoras y de cambio de modelo que necesitamos, que acabe con la urgencia social que padecemos y lo que nos sitúa en el vagón de cola de las comunidades del Estado.

Para Podemos esta reforma supone la apertura de un amplio proceso participativo y representativo de las diferentes realidades que conforman el archipiélago, para diseñar un nuevo marco de relaciones con el Estado y, entre las distintas islas, para acabar, entre otras cosas, con el pleito insular, utilizado para conveniencia de los grupos de poder de las islas, para apagar la energía de cambio de nuestra sociedad. Este archipiélago debe tomar grandes decisiones, pero no solo como expresión puntual de la soberanía popular, sino de un ejercicio permanente, a través de distintas fórmulas de participación y consulta. Para que ese proceso tenga garantías democráticas, es imprescindible que se reformen las injustas leyes electorales que para el caso de Canarias, consagra los mayores niveles de desigualdad, arbitrariedad entre las democracias de este planeta.

Canarias de los comienzos de la transición política tenía un millón de personas menos. Nuestra economía depende hoy en un 83 % del sector servicios, desmantelándose nuestro sector primario. Nuestro territorio se ha transformado (y masacrado) más en estos últimos cuarenta años que en los quinientos años habidos tras la conquista. Vivimos en un contexto geoestratégico lleno de amenazas, pero también lleno de oportunidades, en un sentido solidario, de cooperación y desarrollo hacia el vecino continente. Somos más mestizos, con nuevos referentes culturales y con nuevos vehículos de comunicación e interacción social. No tenemos competencias en aspectos esenciales, como el mar territorial y en la gestión de puertos y aeropuertos. Esta Canarias, debe hacer balance de las políticas de la UE, del destino de los fondos de compensación como región ultraperiférica o de la aplicación de nuestras singularidades económicas y fiscales, como el REF, de nuestra remilitarización, pese a nuestro rechazo en el referéndum de adhesión a la OTAN. Si hoy Canarias tiene los mayores índices de pobreza, paro y exclusión social del Estado y de Europa algo habrá fallado.

Es la hora de repensar y de reconstruir Canarias partiendo de los importantes cambios que estamos viviendo para buscar las fórmulas más apropiadas para construir una sociedad mejor, más igualitaria y justa. Muchos de nuestros problemas, más allá de la responsabilidad de quienes han tomado las decisiones, puede estar en los marcos normativos que ellos mismos nos han impuesto. No debemos permitir que los mismos que nos condujeron a esta situación, el PP, el PSOE y CC vuelvan a tener responsabilidades. PODEMOS es quien puede ofrecer ahora una alternativa profunda y real de cambio. Sobre todo, porque las mujeres y hombres que hoy nos presentamos a estas elecciones, estábamos aquí, luchando por estas islas y su gente. No hemos salido de la nada como otras opciones que ahora se presentan.

Estamos ante un reto apasionante y de una gran dimensión histórica. Este nuevo proceso constituyente supone para Canarias redefinir aspectos centrales de lo que hemos sido y afrontarlo sin miedo, sin vértigo, dejando atrás lastres del pasado aunque hayan formado parte de nuestro imaginario colectivo. Ese tránsito en lo cultural debe reconocerse en un conjunto de identidades nacidas de lo que hemos sido y en las múltiples aportaciones de la realidad multicultural que somos. Nuestro factor territorial sigue siendo fundamental, ya que es el escenario donde nos jugamos el futuro. Nuestro terruño es el resultado, no solo de volcanes o alisios, sino de las injustas relaciones económicas, políticas y sociales que hemos padecido. Debemos superar la deuda histórica de haber entrado por la puerta de atrás en esta debilitada democracia. No nos reconocieron como Comunidad Histórica y siguen sin hacerlo. Esto no se debe hacer desde los lejanos procesos políticos que se vivieron en la República (algunos muy interesantes), sino desde la realidad política del presente. Estos aspectos tienen mucho que ver con las políticas que debe llevar a cabo una institución como el Senado. Pero no esta cofradía de estómagos agradecidos, asilo de próceres y desconocidos, sino una nueva institución que tenga entre sus cometidos la defensa de nuestro territorio, de sus derechos sociales, de nuestras competencias internacionales, de asuntos estratégicos para nuestro futuro.

Para Podemos, si no somos capaces de que la ciudadanía sea la protagonista de estos profundos cambios, tan sólo habremos conseguido hacer un documento más, unas leyes más, un mañana prestado, vaciado de contenidos democráticos y, sobre todo, habremos construido un cambio sin alma, una historia sin gente. Recuperemos el espíritu del 15 M que habita entre nosotras y nosotros. Llamemos a la implicación y la participación de la gente en las plazas, en la vida, para que sea protagonista de su destino.

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