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Septiembre 1936

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Si en agosto de 1936 los franquistas/falangistas/fascistas comenzaron a asesinar a diestro y siniestro, mayormente a siniestro, las cosas en el mes de septiembre empeoraron para la clase trabajadora canaria. Quisiera establecer que en los tres primeros meses de la guerra civil fue cuándo se profundizó y se fue consolidando el terrorismo franquista en Canarias, y por supuesto en los frentes de guerra de la geografía española, en una clara connivencia entre militares facciosos, falangistas y la Iglesia Católica. Pero vuelvo a recordar para vergüenza y oprobio de los franquistas isleños, que Canarias quedó controlada por el golpe de estado militar del General Franco desde la noche del 17 de julio de 1936, y aquí no hubo trincheras. A partir de ahí todo lo que aconteció fueron asesinatos a sangre fría por toda la geografía canaria, desde la Sima de Jinamar, la Mar Fea, los pozos de Arucas, Agaete, el barrio de San Pedro, Fuencaliente en La Palma, Hermigua en La Gomera, Tenerife, El Hierro, Lanzarote, Fuerteventura. Quizá por todo esto muchos derechosos canarios tienen todavía hoy día pánico a la Memoria Histórica, incluso a la Educación Ciudadana. Pero me parece un absurdo, no se debe temer a la historia, sino aprender de ella, para no repetir las cosas malas.

En septiembre de 1936, después de los fusilamientos en agosto de Eduardo Suárez y Fernando Egea, se acentúa la represión, los castigos en La Isleta, Gando, Fyffes en Tenerife, y otros muchos lugares de las islas, y surge la operación Patitos al Agua. La sorda protesta popular se siente en los barrios, en La Isleta, en la playa de Las Canteras, en San Lorenzo, y otros barrios capitalinos. A veces con el silencio que habla con profundo sentimiento, a veces con comentarios resabiados en bares como Juan Pérez o en Aquí te espero, cuyo dueño Emeterio era un conocido republicano. Los fascistas eligieron a los Diez del Dómine para sacarlos de la isla y asesinarlos en la Península. Según relata el historiador Sergio Millares Cantero, el 5 de septiembre de 1936 unos 700 falangistas canarios viajan en el barco Dómine hacia Vigo para incorporarse a las fuerzas rebeldes facciosas que luchaban contra el Gobierno legal de la República. Esa tarde mi padre, que estaba preso de los rebeldes en La Isleta, vio salir a Andrés Zamora Zorraquino, Amadeo Hernández Hernández, José Ochoa Alcázar, Primitivo Pérez Pedraza, Felix González Monzón, José Suárez Cabral, José Sanz Iraola, Manuel Monasterio Mendoza, Joaquín Masmano Pardo y Arturo Camino Vazquez. Los Diez del Dómine, fueron introducidos atados y bien atados en la bodega del barco. Siguiendo al historiador Sergio Millares Cantero, tras llegar a Vigo, los falangistas y sus víctimas continuaron en tren hasta Talavera de la Reina, y aunque no hay una fecha exacta se cree que sobre el 13 de septiembre fueron asesinados y arrojados al rio Tajo los diez republicanos canarios. Hay un telegrama de uno de los presuntos asesinos, José Ignacio Ojeda Martínez que mandó al periódico Hoy de Las Palmas de Gran Canaria en el que decía textualmente: "De los granulas del Frente Popular que nos acompañaron los largamos al Tajo con una onza de plomo, pues había que librarse de malas compañías".

Mientras Eufemiano Fuentes y sus Brigadas del Amanecer torturaban y asesinaban en Gran Canaria, esta fue la primera acción de guerra de los asesinos falangistas canarios en la guerra civil española, asesinar a sangre fría a diez grancanarios republicanos en Talavera de la Reina, a los pies del Tajo.

Cuando llegan las primeras noticias a Gran Canaria, el pánico, el terror se extiende. Cada vez son más las mujeres que visten de negro, cada vez se habla más en voz baja, el terror franquista está omnipresente. Los asesinatos empiezan a ser masivos, en Arucas los pozos de Puente del Barranco, El Francés, Llano de las Brujas y Tenoya, son escenarios de cientos de asesinatos a sangre fría. Todavía en agosto del 2008, siglo XXI, no se han recuperado los restos de las víctimas de tales barbaridades. En las islas Canarias, sin frente de guerra, la represión es feroz. Hay hechos heroicos como el del luchador José Florido, un hombre de izquierda, que antes de ser asesinado en la Sima de Jinamar se llevó al fondo de la sima a su verdugo falangista, Vicente Palacios. Otro deportista grancanario, el boxeador Fillo Hernández fue fusilado en el campo de tiro de La Isleta. El terror se acrecienta, y clubes del Puerto de La Luz como el Victoria, Artesano, Ferreras, Racing, apenas tienen vida social, y el miedo se nota hasta en los bailes de los fines de semana. En Tenerife el General Ángel Dolla de la Hoz se convierte en un asesino en serie. El tío del exalcalde chicharrero de ATI, Miguel Zerolo, fue otro feroz represor de la dictadura desde el primer momento del golpe de estado. Miguel Zerolo Fuentes fue miembro de la milicia fascista Acción Ciudadana, y un destacado dirigente franquista en Santa Cruz desde la primera hora del fascismo. En la isla del Hierro varios republicanos se ocultan entre los montes, y el periodista José Padrón Machín, está varios años escondido, y gracias a ello salva su vida.

Del pánico, el terror de la represión franquista en esos meses y años posteriores, y la colaboración de la Iglesia Católica, sólo quiero poner un ejemplo. Muchos años después de lo que relato, a finales de los 50, un hijo de los asesinados en el Tajo se cambió el apellido de su padre. El hijo de Joaquín Masmano Pardo, se convirtió de la noche a la mañana por necesidades comerciales y de negocios en Joaquín Galarza. Es otro testimonio del terrorismo que ejerció la dictadura del General Franco, del pánico sociológico que todavía existía veinte años después de terminada la guerra, que en Canarias no me canso de repetirlo, fue sólo represión y asesinatos a sangre fría. Otro ejemplo de represión psicológica lo representó el cura párroco de la Iglesia de La Luz, Antonio Mayor Mayor, recuerdo que nos llevaba a los pibes de la época a tirarle piedras y voladores a la iglesia protestante de la calle Pajonales. Años más tarde, también recuerdo a Antonio Mayor en la puerta del Cine Viejo (Teatro Cine del Puerto) vigilando a ver quién iba a ver la película Arroz amargo, protagonizada por Silvana Mangano, que encima estaba censurada en algunas escenas y cuando años después la vi en Francia no salía de mi asombro de lo bestias que eran los censores franquistas. Si los jóvenes de hoy vieran esa película no se creerían que estuvo censurada. Las represiones franquistas no sólo fueron físicas, sino también psicológicas, intelectuales. Todavía entre nuestros mayores hay recelos en hablar de aquellos tiempos, y eso se nota si pegan la hebra un poco en el barrio de San Pedro en Agaete, en La Isleta, San Lorenzo, Telde, Arucas, Gáldar, y otros muchos puntos de la geografía de Gran Canaria. Sólo quiero terminar refiriéndome a los miles de asesinados en Canarias, ya que sólo he citado a Eduardo Suárez, Fernando Egea y los 'Diez del Domine'. Por eso quiero manifestar un recuerdo a otros muchos asesinados menos conocidos, políticamente anónimos, como bien hizo hace algunos años Miguelo Arencibia y el grupo Los Coquillos. Deseo terminar hoy con un recuerdo emocionado para todas las víctimas del terrorismo franquista. Hace falta mucha memoria histórica y mucha educación ciudadana para afrontar el futuro sin tantas tinieblas del pasado.

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