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Sociobarómetro rarito

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Es el caso del barómetro que acaba de hacer público el Consejo Económico y Social con el objetivo de que el Gobierno canario sepa por dónde van los tiros de las preocupaciones, los sentires y las percepciones de las buenas gentes y que eso le permita encarar mejor sus tareas. Las intenciones son buenas, pero ya se sabe que de buenas intenciones están empedrados los suelos del averno.

Las conclusiones, en general, del documento son, como mínimo, extrañas y contradictorias. Por supuesto, los datos permiten que cada cual se quede con la parte del todo que más le guste. Por ejemplo, que el Ejecutivo regional aparece, en esas cifras, como la institución peor valorada por los isleños. Se puede olvidar que la oposición tampoco llega al aprobado. El problema es que, si los autores del informe se equivocan o se contradicen en algunos de los resultados que nos ofrecen, ¿por qué no sospechar que yerran también en los demás?... Donde se produce una incongruencia tremenda que, probablemente, invalide la totalidad del trabajo, es en la afirmación de que el 94 de los ciudadanos de estos peñascos valoran como media o alta su calidad de vida (un 55 decididamente alta). Ese dato se da de tortas con el hecho, que el CES conoce muy bien, de que más del 20 por ciento de la población del archipiélago vive por debajo del umbral de la pobreza y que los ingresos de las tres cuartas partes de las familias de la Comunidad no alcanzan los 1.500 euros mensuales. O los encuestados mienten, o son tontos y se creen felices, o la encuesta está mal hecha. No hay más alternativas, oigan.

Por otra parte, cuando la inmensa mayoría de la ciudadanía ?como pretende ese barómetro tan rarito- se encuentra satisfecha de su calidad de vida, no es normal que desconfíe y critique el gobierno, a los gobiernos, que en algo habrán colaborado para que la sociedad alcance tan imaginario nivel de bienestar.

O sea, que no me creo nada de lo que nos cuenta esta primera intentona sociodemoscópica del CES. Acaso acierten ?pero, es un pálpito no comprobable- en que al 83 por ciento del personal la política se la refanfinfla. Entonces, los incongruentes seríamos los periodistas y los periódicos que dedicamos en nuestros medios más del 83 por ciento del espacio a la política, precisamente. Una paradoja que nos escupe el aspecto más estúpido de esta profesión y sus peajes.

José H. Chela

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