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Sonata de despedida

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Político relevante a nivel de Canarias y del Estado, presidente de Canarias en dos ocasiones, ministro con Felipe González en dos legislaturas, de Administraciones Públicas y de Educación y Ciencia, alcalde de Las Palmas de Gran Canaria en ejercicio de sus funciones, Saavedra Acevedo es un de los políticos más importantes de la historia de las islas, pero me da pena decir que ha terminado de una forma lamentable al menos en la dirección del Partido Socialista Canario. Y todo por su error de enfrentarse a Juan Fernando López Aguilar en público, con la prensa como juez y árbitro de una pelea que se presentía que iba a ser el descalabro político del veterano dirigente socialista, como así ha resultado al final de la contienda estúpidamente fratricida. Lo que pudo haber sido una elegante lucha dentro del partido, Jerónimo la sacó a los Medios Informativos, y esto le ha representado tras el Congreso Socialista su ostracismo político, aunque continuará como alcalde hasta 2011. Y gracias.

Ha sido su sonata de despedida. Una sonata que en sus cuatro movimientos clásicos no supo Saavedra interpretar una partitura que tenía todo el signo del juanfernadismo, todo un movimiento corporativo en donde lo nuevo iba a sustituir a lo viejo. Una sonata en donde el ritmo lento fue increscendo con un allegro a veces fugado, que dio paso a un cantabile, y un final enérgico en forma de minuet en donde Juan Fernando López Aguilar interpretó en la composición de la Ejecutiva Regional una de sus mejores partituras políticas, quizá sólo superadas por sus caricaturas de su mejor época juvenil que publicaba en La Provincia, y que conocimos muy de cerca.

Sonata de despedida que me sabe a mal, que no era lo que quería para el admirado Jerónimo, el querido Jerónimo, jerónimamente hablando, pero que él quiso que fuese así cuando en la madrugada del domingo 9 de noviembre se le propuso en Infecar la Presidencia de Honor del Partido Socialista Canario, y olímpicamente la rechazó. Jerónimo quiso interpretar un scherzo, pero no llegó siquiera al rondó, y perdió el control de la orquesta, que ahora dirige de forma esperanzadora Juan Fernando López Aguilar. Un final que a los que le queremos nos deja un sabor agridulce.

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