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Tabaco, leyes y fumadores

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En vez de preocuparse de atender las necesidades del pueblo, agónicas en algunos casos; en vez de coger al toro por los cuernos y levantar el país del hoyo en que se encuentra, no halla mejor manera de dar a conocer su fuerza gubernamental que elaborando leyes que prohíben algo o que permiten otras barbaridades que azorarían al pueblo más pobre del África profunda.

Es el caso de la ley del aborto, disparatada en sí misma, que no hay resquicio por donde justificarla. Defensa, con su flamante ministra al frente, empeñada en destruir todos los acervos culturales que enlazan a los militares con el pueblo, procesiones, actos en Semana Santa, etcétera. Vamos a quitar los símbolos religiosos de los colegios, porque nuestros niños se pueden traumatizar. ¡Cómo van a honrar una religión cuyo símbolo principal es un señor clavado en una cruz de madera!

Aquí se prohíbe todo; y se han metido con los fumadores. A ver, doña Trinidad. Usted debe saber que en este país nuestro, cuando algo se prohíbe "porque sí", tiende a ser desobedecido; claro que si detrás está el ansia recaudatoria de la multa para quien incumpla, pues se j? fastidia uno.

La única manera de que en España se deje de fumar es la información y la educación. Póngase usted en contacto con el titular de Educación y plantéele que desde infantil y primaria se cuelguen por las aulas carteles con fotos de pulmones requemados, chamuscados, ennegrecidos y, junto a estos, otros carteles con pulmones sanos, sonrosados, enteros. Encima o debajo, los rostros de sus propietarios, que bien pueden ser gente famosa como de personajes tomados al azar. Unos con rostros demacrados, otros con expresiones saludables. ¡Y que se informe a los alumnos!

Los niños no van a enfermarse por ver esos carteles, ni van a sufrir menos trauma que al ver fallecer a su padre o a su madre por cáncer de pulmón, cuando apenas empiezan a despuntar a la vida; ¡eso sí marca, ministra! Y se lo dice alguien que tiene los pulmones chamuscados, requemados y ennegrecidos tras 45 años de fumador. Nadie me explicó que el tabaco mata. En el colegio nos abofeteaban si nos pillaban fumando. En casa, mi padre, fumador, me prohibía fumar sin explicación alguna y caí en la trampa de la curiosidad por lo prohibido.

Hoy, con 20 radioterapias y cuatro quimioterapias a mis espaldas, lucho por vencer un tumor que se desarrolló bajo el esternón e invadió los pulmones. El tratamiento no es grato ni cómodo ni fácil de sobrellevar. Es duro, doloroso a veces, depresivo, y si me lo permiten, por esta vez, muy jodido. Si me hubiesen explicado estas cosas en casa y en el colegio cuando tenía 15 años, jamás habría probado un cigarro. Hoy, ya lo ven, tengo un cáncer de pulmón que me ha cambiado radicalmente la vida. Ministra: más información a la juventud y menos prohibiciones. Así de claro.

Pedro Marrero Sicilia

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