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Tebeto como esperpento

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Aunque no he seguido al detalle lo de Tebeto, me parece un caso paradigmático. Tiene de todo. Hay un consejero, Luis Soria, que firma, alegremente para los mejor pensados, una licencia que no debió conceder dando pie a la reclamación de Bittini y a la condena al Gobierno de los 103 millones; cantidad fijada de acuerdo, oye, con el informe de un tío carnal de los Soria, mismamente. Mientras, el Soria principal embrida al Gobierno a conveniencia, sin mayores problemas al tratarse de burro manso. A los Soria, convertidos en hierbas de todas las potajetas, se les fue la mano en la dosis de Tebeto y les salió un plato especiado en exceso.

El esperpento es de los que hacen época. En los primeros momentos, el Gobierno, inspirado por Soria, quiso culpar a la psocialista Francisca Luengo del desaguisado, tratando de convencernos, como si fuéramos bobos, de que una secretaria técnica, que eso era Luengo, tenía capacidad decisoria y que ésta era superior a la del consejero. Tras el intento fallido de despejar a córner, le cantaron el penalty de los 103 millones que protesta, como los jugadores marrulleros, porque dice que no cometió la falta de gestionar mal el asunto y haber llevado peor el pleito, al punto de no contradecir el informe del tío de Soria, precisamente, sin que se haya aclarado si fue debido a negligencia o a conveniencias, digamos políticas para no largar palabrotas y vuelvan a cargar al macho con las costas. Se le niega a la ciudadanía el derecho a conocer esos extremos.

Tras la sentencia, el Gobierno dice que no pagará un duro con actitudes de cuasi desacato. Por lo pronto, consiguió el pago aplazado, pero sigue, que yo sepa, sin analizar a fondo el expediente desde su inicio para determinar fallos y responsables. ¿Por qué? ¿Qué teme encontrar? ¿O qué sabe que va a encontrar?

La falta de explicaciones contrasta con la contundencia verbal de Paulino al asegurar que no pagará un duro. Pero, al no haber una aclaración pública de lo ocurrido es poco creíble y se ha puesto a circular la sospecha de connivencia de Soria y Bittini, que supone al vicepresidente frito por pagarle. No me lo creo, en principio, pero ahí está: Soria ha hecho méritos suficientes para suscitar sospechas hasta por aparcar mal el coche.

El Gobierno, en su loable intento de amarrar la bolsa, sacó a relucir contrainformes que niegan el valor que el tío de Soria dio a Tebeto y que fundamentó, como dije, la sentencia. ¿Se trata de informes realizados en su momento o son de encargo reciente? En el primer caso, habría que preguntar la razón de que no se presentaran en el juicio; en el segundo, la pregunta sería por qué no los encargaron antes, en tiempo y forma. Aseguró el consejero Ruano que fueron rechazados por el juez que sentenció el caso: si es así, ¿por qué no se hizo la oportuna reclamación, se pidió que constara el rechazo en las actas del juicio y se fue directamente contra el juez? ¿Otra negligencia? En lugar de eso aparecieron alusiones que hacían al juez y a Bittini amigos. ¿El síndrome Camps?

Con todo, el Gobierno no se ha atrevido llevar estas y otras preguntas a la vía penal. Dicen que es la única salida que le queda para no pagar. ¿Por qué, si Paulino afirma que pretende, por encima de todo, no pagar, no ha cogido esa senda? ¿Será porque la jurisdicción penal se centraría, seguramente en el informe del pariente de los Soria y en las acciones y omisiones en el seno del Gobierno? ¿Será que Soria lo tiene cogido por su afán de mantener la presidencia a cualquier precio?

El caso es que la soriasis (o la gripe A, quién sabe) del Gobierno dio a los psocialistas la oportunidad de madrugarlo y anunciar la presentación de la denuncia en la fiscalía. Aún no ha aparecido la perversa y omnipresente mano de Zapatero. Será a partir del lunes, el día anunciado por los psocialistas para presentar la denuncia. O sea, unos días antes del Consejo de Ministros.

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