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Tiempos nuevos para viejos métodos

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Esta situación de corrupción generalizada sólo es posible si va acompañada de una estructura caciquil que reparte favores a cambio de fidelidades y que ha conseguido distorsionar uno de los fundamentos de la democracia: la libre expresión de la voluntad de los ciudadanos. Esta enfermedad de la sociedad canaria ha alcanzado tales niveles de virulencia que los casos de corrupción están llegando a los juzgados. Eso explica que para CC y el PP, lo escandaloso del asunto no es no que se investiguen y se juzguen, lo indignante para estos partidos es que tales hechos lleguen al conocimiento público. Se enfadan porque se viole el secreto del sumario, no de lo que se deduce de lo instruido por los jueces. El mundo al revés. Pero he aquí que un partido, el Partido Socilista Canario (PSC) se presentan como el gran adalid de la regeneración y de la lucha contra este tipo de prácticas. Su candidato, Juan Fernando López Aguilar, parece asumir la figura del querubín que guarda con su flameante espada el camino de la democracia limpia de pecados de corrupción. Sin embargo, el problema de los dirigentes socialistas canarios es que los hechos demuestran que la única diferencia con respecto al PP y CC es que ellos no reconocen, como Zaplana, que están en política para forrarse pero, en lo demás, actúan de igual manera que lo hacen los partidos que critica. Eso sí, hay que reconocerles que añaden al plato de la corrupción las especias del cinismo. Que todo vale con tal de alcanzar o mantenerse en el poder, no es una práctica poco habitual en el PSOE y por ello sus dirigentes pueden mantener (sin que esta situación les produzca muchos problemas internos) las posturas más variadas ante cualquier problema que se plantee en las islas. El proyecto de macropuerto de Granadilla, por su importancia e impacto en la opinión pública, es un buen ejemplo de la praxis política de los socialistas canarios. En ese partido caben todas las opiniones y se hace posible lo imposible: votar en el parlamento a favor del la construcción del puerto y manifestarse en contra. No son originales, eso mismo hizo CC en el caso de las torres de Vilaflor. No cabe duda, si ganan las elecciones los socialistas, habrá muchos cambios para que todo siga igual. Lo demuestra el caso de Las Teresitas, los socialistas (es verdad que no como partido) denunciaron en Fiscalía el pelotazo de Las Teresitas pero, previamente sus concejales habían votado a favor. Y, como demostración de la esquizofrénica política de los socialistas, opositores y partidarios del pelotazo se han repartido los puestos de la lista al ayuntamiento de Santa Cruz. El portavoz socialista en el consistorio capitalino, Francisco Tovar, presentó su baja por discrepar con la composición de unas listas que premia a quienes él denunciaba en los plenos municipales. Preguntado por estos hechos, el candidato socialista a la presidencia del gobierno respondió en el más puro estilo del ex ministro franquista, Manuel Fraga: esas cosas no interesan a los ciudadanos, a nosotros, los votantes, lo que debería preocuparnos es la sanidad, la educación o el precio de los garbanzos, no los "problemas internos" de los partidos. Con estas declaraciones se entiende por qué el PSOE se ha negado a convocar un pleno sobre Las Teresitas en el ayuntamiento y, también, su más que mediocre oposición municipal. Al mismo tiempo, el gobierno socialista ha sido y es colaborador necesario en esta política favorecedora de la corrupción, sin su "alianza" con el grupo gobernante en el ayuntamiento no hubiese sido posible que CC actuara como lo está haciendo en el caso de Las Teresitas, pues es la Dirección General de Costas quién está financiando la obras de la playa, y lo hace sin haberse aprobado el deslinde del dominio público como establece la Ley de Costas de 1988. Esta cínica manera de actuar la ha dejado bien clara el Director General de Costas, José Fernández, cuando destaca como objetivos prioritarios de su política: "la protección y conservación eficaz de los sistemas litorales y marinos; la preservación de la integridad del dominio público marino terrestre, y el libre acceso de uso y disfrute de todas las personas para los usos comunes del dominio público. Queremos superar una etapa de política autista entre las administraciones". Curiosamente, la Audiencia Nacional condenó a la Dirección General de Costas por vulnerar el derecho fundamental a la información al negarse a facilitar los expedientes del puerto de Granadilla, a pesar de estar obligado por la ley a contestar en el plazo de un mes. Se ve que sus responsables también están afectados por la política autista de las administraciones. Los socialistas canarios pueden aportar insignes personajes para que sus retratos decoren un posible museo al cacique canario. Destaca con luz propia el político más poderoso de La Gomera, el actual presidente del Cabildo y senador por La Gomera, Casimiro Curbelo. No importa la desastrosa gestión de su largo cacicato, no importa que haya dilapidado el dinero público en obras ilegales, ni sus privilegiadas relaciones con los grandes empresarios de la isla preocupan a su partido, tampoco su constante negativa al diálogo con los ciudadanos y asociaciones, lo único que valora el partido socialista es que gana elecciones y, por eso, lo premian incluyéndolo en la lista al Parlamento. Este político profesional acaparará tres puestos que exigen a cualquier persona normal dedicación exclusiva, entre otras razones porque ni tan siquiera tendría tiempo para estar en todas las reuniones y, menos, para estudiar la documentación que implica el desempeño de cargos tan importantes. Él saldrá ganando, de eso no cabe la menor duda, pero los ciudadanos, los gomeros, pierden la oportunidad de estar representados por personas que van a la política para servir los ciudadanos, no a servirse de ellos para su promoción económica y social. ¿Quién mejor que Casimiro Curbelo para ejemplificar la enorme distancia que separa a las palabras de los hechos en el PSOE? Supera a Santiago Pérez y a Juan Carlos Alemán que "sólo" aspiran a ocupar dos puestos. No hay coherencia con unos principios porque carecen de ellos, así se explica que las diferencias entre los socialistas no sean de tipo ideológico, de principios, sino de "familias". Conocemos por los medios de comunicación que las discusiones en el PSC son entre "fresquistas", "santiaguistas", "anataelistas" o "corralistas" y, por los resultados, se deduce que lo único que discuten son los puestos en las listas electorales, los que aseguran el acceso a los cargos públicos. Estos son los nuevos tiempos que anuncian los socialistas, vino nuevo en odres viejos.

Eustaquio Villalba Moreno

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